JOHN WILLIAMS in concert

Finalmente llegó el día 25 de Octubre de 2011 y por la mañana fuimos a recoger las entradas y darnos una vuelta por los alrededores del Lincoln Center, Central Park, el castillo Belvedere, el lago, el edificio Dakota en el que vivía John Lennon y donde fue asesinado a la salida del mismo, cuando iba con Yoko Ono a dar un paseo por el parque. Volvimos al hotel a descansar un poco para no caer dormidos en el concierto.

Quedamos un poco antes para tomar algo haciendo tiempo y ya entramos en una sala casi vacía, porque el ansia nos hizo entrar de los primeros. Finalmente el acogedor espacio estaba totalmente lleno y nuestro abuelito Williams, salió puntual a coger la batuta y ponerse al frente de la New York Philharmonic Orchestra. Para subir al podio se agarró con un poco de dificultad de una barandilla, haciéndonos temer lo peor y es que serán 80 años el próximo Febrero de 2012, pero aún conserva maestría y energía suficientes para controlar la orquesta, sin que se le escape nada.

El programa comenzó con un montaje audiovisual de fragmentos de películas de todos los tiempos, acompañados del HOORAY FOR HOLLYWOOD, tema de la película Hollywood Hotel, arreglado por el propio Williams, en una perfecta ejecución donde música e imagen fueron un todo y cada nota, golpe o corte musical tenían su reflejo perfectamente sincronizado con la imagen de pantalla.

El siguiente tema fue de Korngold, al que Williams homenajeó con su banda sonora para Star Wars. En este caso nos brindó la enérgica marcha de ROBIN HOOD, que para mi gusto comenzó algo irregular de ejecución, pero terminó perfectamente armonizada la orquesta al completo, con la pieza.

A continuación, Williams hizo gala de su buen humor diciendo que iba a interpretar dos piezas de dos compositores clásicos, una de Bernard Herrmann que dijo que habia trabajado con dos genios del cine: Alfred Hitchcock y Orson Welles, que con Herrmann podrían ser reconocibles los tres por tener casi la misma oronda figura, para los que serviría la misma caricatura. La otra pieza era de Alex North, hombre de baja estatura pero que se crecía enormemente al componer música y que tenían estilos muy diferentes como podríamos apreciar en dos de sus más famosos temas de amor: VERTIGO y SPARTACUS. Casi no podía creerlo, dos de mis películas favoritas, de la mano de Williams. Vértigo sonó de escándalo, aunque casi al final a algún músico se le cayó el arco o la partitura y deslució un poco el tema, pero la pieza de North con esa alternancia entre la marcha violenta y atonal de la guerra que simboliza a Espartaco y el romántico tema de amor que simboliza a Varinia, fue impresionante. Ver a Williams bailando en el podio con movimientos desacompasados con la música pero la difícil pieza sonaba perfecta, convirtiéndose para mi gusto, hasta aquel momento, en el mejor regalo de la noche, aunque quedaba todavía mucho concierto por delante.

Una suite de temas de ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE, acompañados de una sucesión de imágenes de la película, fue el siguiente número, del que la ejecución fue perfecta, si bien las imágenes distraían innecesariamente al espectador.

El final de la primera parte fue E.T. Aventura en la Tierra con un nuevo arreglo en el que redujo la duración del tema a 10 minutos y que aunque estuvo muy bien, de haber estado el arreglo de toda la vida, con imágenes sincronizadas de la película, hubiera sido la perfección.

La segunda parte comenzó con el TRIBUTO A LOS COMPOSITORES DE CINE que el propio Williams ya arregló para una gala de entrega de los premios Oscar, que acompañada de imágenes arrancó salvas de aplausos en determinados momentos como  cuando salieron escenas de Tiburón, E.T, Exodo o Los siete magníficos.

El violinista Gil Shaham se unió a la orquesta para interpretar el tango “Por una cabeza” que compusiera Carlos Gardel y ganase popularidad con su inclusión en la película de Al Pacino “Esencia de mujer”, en un arreglo del tema que hizo el propio Williams.

LA LISTA DE SCHINDLER fue la siguiente película que permitió lucirse de nuevo al violinista en los temas Remembrances, Krakow Ghetto Winter 41 y Theme, aunque me ponía algo nervioso con su exceso de gestos, así que decidí cerrar los ojos y sentir la música y desde ese momento, me encantó.

Williams comentó que cuando invitaron al violinista a participar en un concierto de cine, no entendía qué podria tocar con el violin y pidió a Wiliams que le dejase tocar SABRINA del propio compositor, a la vez que se le rindió un homenaje a Audrey Hepburn con un montaje de imágenes suyas. Otra joya inesperada ya que no figuraba en el programa del concierto.

El final fue una traca. Poder disfrutar de una suite de temas de EL VIOLINISTA EN EL TEJADO, con los que consiguió un Oscar por su excelente trabajo de adaptación, fue todo un lujo. Otro de los puntales, para mi gusto, de este concierto. Toda la sala terminó en pie aplaudiendo y vitoreando al compositor y su trabajo.

Y la carcasa final el tema principal de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, que a pesar de haberlo tocado infinidad de veces, Williams sabe que la gente quiere volver a oírlo y emocionarse con la música y el tema suena impecable, acompañado por un montaje de imágenes de la serie, en las que se han incluido las de las seis películas.

El público salta como un resorte de la butaca al final, aplaudiendo y aullando pidiendo más. Williams no ha preparado un bis, ni dos, sino tres bises que no necesitan presentación y son saludados en cuanto comienzan a sonar con aplausos y gritos: El tema de Yoda, el tema de Indiana Jones y la marcha imperial de Star Wars.

Pedimos más y más, pero Williams agradece, señala a la orquesta y con un simpático gesto llevandose ambas manos a la mejilla y cerrando los ojos, nos invita a que nos retiremos a dormir.

En fin, un concierto excelente, que lamentablemente por la distancia y lo espaciados en el tiempo, no puedan ver tantos amigos del mundillo que otras obligaciones les impiden venir tan lejos, así que si he conseguido acercar un poquito la magia del momento y los hechos a vosotros, el objetivo se habrá cumplido.

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