EL INSPECTOR

Lo ha conseguido. Miguel del Arco se ha atrevido con la comedia disparatada y ha salido más que airoso. Cuando leí que iba a estrenar en el Centro Dramático Nacional una adaptación de “El inspector” de Gogol, con ciertos toques de musical y humor inteligente al estilo de Billy Wilder, pensé que ojalá acertase con el punto justo, porque me parecían unos ingredientes que por separado eran muy interesantes, pero que habría que ver cómo casaba la mezcla de sabores, a la hora de meterlos todos en la misma olla.

Y repito, lo ha conseguido. El argumento se centra en un pueblo al que llega el chivatazo de que va a aparecer un inspector del Gobierno Central de incógnito y todos los cargos políticos del pueblo tiemblan, porque la corrupción ha hecho estragos en cada uno de los ministerios que ocupan. Al inesperado huésped tratan de ponerlo de su lado, de la unica forma que conocen, mediante sumas de dinero para taparle la boca, pero en su desesperación toman por el inspector a un visitante que no tiene donde caerse muerto, al que inundan con dinero y agasajan con regalos desde los más altos cargos políticos, hasta los más humildes comerciantes de la zona.

El tema de rabiosa actualidad consigue arrancar las carcajadas del público con los constantes guiños que les ofrece el texto y es que el mismo Miguel del Arco nos comentaba: “Curiosamente algunos detalles estaban igual en el original, como lo de “yo no me voy a vender por un par de trajes””, aunque muchos otros han sido perfectamente integrados en la adaptación excelente que ha hecho del Arco, para traer la obra a los ojos y oidos del público de la España de hoy, que lamentablemente resonarían y serían igualmente entendidos por gente de muchos otros países.

El reparto está plusquanperfecto, como en cualquier trabajo de Miguel del Arco. La mayoría de los actores desdoblándose en dos o tres personajes, perfectamente dirigidos, en situaciones que nos recordaban a las comedias disparatadas de los Hermanos Marx. Sólo hay dos actrices en la compañía, con lo que el resto de papeles femeninos, son interpretados por actores cuyo físico ya potencia la carcajada, porque ver a un hombre con bigote o barba, vestido de mujer y con andares femeninos disparan el humor y remarcan la idea de que aquí nadie es lo que aparenta. Todo el reparto está al servicio de la función, buscando la denuncia más salvaje a través del humor más corrosivo.

En la función del día que fui había bastante gente que venía de la manifestación en contra de los recortes en la educación, que reían cada frase relacionada con el mundo de la cultura, o se desternillaban ante la ignorancia de las fuerzas vivas del pueblo, incapaces de reconocer un texto de Jorge Manrique. Los diálogos esconden perlas como cuando se quejan de un profesor que quieren vigilar porque promueve debates con los alumnos, a lo que responde otro: “Así es imposible mantener la disciplina. No se puede tener todo, o se piensa o se obedece”.

La originalidad del “prólogo” donde dos actores que ejercen de sirvientes van cantando canciones de Ana Belén, hasta que entra el resto de la compañía, momento que aprovecha un actor para dirigirse al público de una forma muy coloquial, para recordarnos lo de apagar los móviles, desconectar las alarmas de los relojes, así como no hacer fotos o grabar parte del espectáculo, ya nos pone en antecedentes de que estamos entrando en un colegueo donde no va a haber un “arriba” y un “abajo”, sino que todos en cierta forma estamos a la vez arriba y abajo.

En el apartado musical se intercalan varias canciones y alguna coreografía perfectamente integradas en la acción, en las que destaca Angel Ruiz interpretando un cantaor famoso, que se luce en cada una de sus intervenciones. El acompañamiento de la música como un elemento más de la acción, a la que los actores hacen callar o cambiar el ritmo, es otro acierto ya que consigue volar la “cuarta pared”, acercándo la acción más aún al público.

Juan Antonio Lumbreras que compone el papel del falso inspector fue la sorpresa de la noche. Pilar Castro como la mujer del Alcalde, esa “primera dama” que tiene que ser permanentemente el centro de atención, machacando a su hija Macarena Sanz, también estupenda rebelándose porque no quiere ponerse el traje regional para recibir al inspector, porque la hace gorda y el traje curiosamente es el de fallera valenciana. Gonzalo de Castro como el Alcalde que hará y pasará por lo que sea con tal de medrar y no perder su poder y su puesto. Por supuesto aderezado con todo un plantel de excelentes secundarios, que hacen que las dos horas ininterrumpidas del espectáculo vuelen y el público se hinche a aplaudir obligando a los actores a salir a saludar una y otra vez.

Y ese epílogo en el que tras las risas, cantando nos dicen que aunque los hayan pillado “una vez reorganizados, volverán” pone ese punto acido a una realidad, tratada en clave de humor porque si bien la risa es luz, como dice del Arco en el programa que te entregan a la entrada, hay que verlo todo muy claro para que no nos vuelvan a engañar.

En tiempos como los que corren es una bocanada de aire fresco que nadie debería perderse. Lástima que posiblemente no salga de Madrid. Ojalá la filmasen y se emitiese por un canal televisivo nacional, pero “cantando” las verdades como lo hace, si lo hicieran me extrañaría no mucho, sino bastante más que mucho.

AUTOR: Nikolai Gógol

ADAPTACIÓN: Miguel del Arco

MÚSICA Y CANCIONES: Arnau Vila.

Os dejo algunos fragmentos del montaje que ha hecho Miguel del Arco, solo para que veáis si os suena algo familiar lo que dicen:

Otro video en el que Miguel del Arco aclara la importancia de la música en esta adaptación, hasta el punto de bromear llamándolo “El inspector, el musical” porque tiene música a lo largo de casi todo el espectáculo con canciones escritas exprofeso para él

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