LA CULPA

Estamos ante la última obra de David Mamet, el reconocido autor de obras de teatro como “Glengarry Glen Ross”,  “Oleanna” o “El matrimonio de Boston”, además de sus guiones para el cine para “Los intocables”, “El cartero siempre llama dos veces” o House of games”. En este caso vuelve Juan Carlos Rubio a dirigir una obra de Mamet, siendo ya el tercer texto que adapta de este autor tras “Razas” y “Muñeca de porcelana“, vista recientemente en nuestro país con los actores José Sacristán y Javier Godino.

El título original de esta obra es “El penitente” que es aquel que entendemos que purga con su penitencia su pecado. En España para evitar malentendidos que lo asociaran con algo religioso se cambió el título por “La culpa”, si bien es cierto que a la vista de la obra cualquiera de los dos títulos encajan con lo que expone la obra.El argumento nos presenta a Charles (Pepón Nieto), un prestigioso psiquiatra al que se conmina a declarar en un juicio contra un joven homosexual que fue paciente suyo y ha cometido una masacre. El psiquiatra se niega a declarar sobre las conversaciones que tuvo con el joven acogiéndose a su juramento hipocrático, pero su gesto desencadenará toda una serie de acontecimientos que van a dar al traste con su prestigio profesional, su matrimonio, sus creencias y su vida.

El resto de personajes que interactúan con el psiquiatra son su esposa Kate (Ana Fernández), Richard (Miguel Hermoso), su amigo y abogado y Susan (Magüi Mira), la abogada del acusado, un papel que en el original lo interpretaba un hombre y aquí se cambió por una mujer ya que no afecta al desarrollo de la historia. Toda la obra se desarrolla en conversaciones de a dos, en las que siempre uno de ellos es el psiquiatra que es recriminado por todos ellos por oponerse a declarar. En la obra va a ser determinante el papel de los medios de comunicación como detonante para desencadenar un juicio en la opinión pública. Mamet va a poner sobre la mesa la fuerza de los todopoderosos ante el individuo, la habilidad de los abogados para buscar la argucia legal con que conseguir sus propósitos, aunque no sean moralmente correctos, el papel de la religión y la homosexualidad, todo ello a través de esos diálogos que tan bien maneja el autor.

La escenografía apoyada mayormente en un decorado único presidido por una enorme biblioteca repleta de libros que pueden simbolizar las palabras, las leyes, o el conocimiento es correcta, si bien el ubicar a tres intérpretes para que sólo intervengan en las conversaciones de dos en dos, dejando siempre a un tercero en una esquina, no me terminó de encajar y a los actores los encontré, salvo a Magüi Mira y Ana Fernández, excesivos en el tono y agresividad de sus discusiones, pero posiblemente sea una marca de la dirección.Por otra parte las dos últimas obras de Mamet estrenadas en New York han corrido peor suerte que en España. Esta última en concreto, se estrenó en un teatro del off-Broadway, con una capacidad de 199 butacas y no llegó al mes de representaciones. Aquí a pesar de tratarse de una historia bastante alejada de nuestra realidad, en cuanto a lo de las masacres o las dudas morales de un judío, el público conecta con la manipulación de los medios y las artimañas de la justicia y aplaude con ganas al final de la función, aunque a mi no terminó de engancharme.

Actualmente se encuentra de gira por España.

TEXTO: David Mamet
DIRECCIÓN: Juan Carlos Rubio

Termino con un video promocional de la función

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