JULIETTE BINOCHE: Goya Internacional 2023

Alguna semana después de conseguir la acreditación para cubrir la Gala de los premios Goya, recibimos la información que la galardonada con el Goya Internacional este año, Juliette Binoche, ofrecería una rueda de prensa el día anterior. Y que si queríamos participar, había que confirmar asistencia. Confirmamos puntualmente la asistencia, y allí estuvo love4musicals.

La rueda de prensa tendrá lugar en el Alcázar, la más antigua residencia real en Europa, en activo desde el siglo IX. Se trata de un conjunto de edificaciones palaciegas de distintas épocas, frecuentemente usado como plató de producciones cinematográficas. Últimamente, Juego de Tronos.

La cita es en la Puerta del Apeadero, en el Patio de Banderas, a las 16:30. Ahora constituye la salida del recorrido turístico guiado, pero fue en su día la puerta de acceso al palacio. De ahí la denominación: era el lugar donde los visitantes bajaban del caballo y lo dejaban atados en las galerías laterales.

Llego un poco antes de la hora, y desde que accedo al Patio de Banderas veo un pequeño grupo a un lado de la Puerta, que evidentemente son de prensa: trípodes, cámaras, micros… Aunque no hace falta preguntar, cuando llego a su altura pregunto si son de prensa y me contestan que sí, que están esperando para acreditarse.Observo que voy más formalmente vestido que la mayoría, pero afortunadamente sin resultar excesivo. Hay pequeños grupos, supongo que de los distintos medios, que charlan entre ellos. De vez en cuando se van saludando; se conocen de anteriores ocasiones. En algún grupo se charla sobre el origen de la denominación de La Giralda: la vista del antiguo alminar desde la salida de la visita al Alcázar por la Puerta del Apeadero es una de las más sugerentes y conocidas. En el grupo leen que el Giraldillo, estatua que corona la torre campanario y que le da nombre, ejerce de veleta. No quiero pecar de sabihondo, pero como buen anfitrión les informo de que hay una copia de tamaño real en la puerta del Príncipe de la Catedral, por si quieren verla después.

Y en esto se van dejando caer los minutos y nos dan paso. Los distintos medios se acreditan, y nos conducen al Salón de los Tapices.

Todo está dispuesto para la recepción de una de las grandes estrellas actuales del cine europeo. He de reconocer que no he visto ni de lejos todas sus películas, aunque si una buena parte. Y desde hace tiempo. He repasado su filmografía, y la barbaridad de premios y nominaciones que ha ido recibiendo a lo largo de su carrera. Un Cesar de trece nominaciones, multitud de premios de cine europeo, tiene la llamada triple corona: premio de interpretación en el festival de Venecia, Berlín y Cannes. Es una de las cuatro personas que ha conseguido esto. Las otras tres son Jack Lemmon, Julianne Moore y Sean Penn. Los cuatro tienen también el Oscar.

En su carrera hay todo tipo de personajes, y películas de distinto recorrido. Entre ellas es fácil recordar, por ejemplo, “La insoportable levedad del ser”, “Herida”, “Tres colores: azul”, “El húsar en el tejado”, “Chocolat”, “El paciente inglés”, “Copia certificada” o “Nadie quiere la noche”, por citar algunas a salto de mata.

Llevo previstas, por si acaso, algunas preguntas, dependiendo de por dónde vayan discurriendo las intervenciones. De momento felicitarla por el premio y por su carrera en general, y agradecerle al mismo tiempo su trabajo, o preguntarle si conoce la ciudad, por invitarla a recorrer algún lugar señero. Por qué rechazó más de un proyecto con Spielberg, puede ser una pregunta interesante, o qué le suponen los premios, que le supuso el Oscar en su país o en el mercado de ofertas internacional…

Antes de que la cosa comience, y mientras los cámaras comprueban la iluminación, por los corrillos se difunde la noticia de que ha fallecido Carlos Saura, Goya de honor en la edición de los Goya de este año. Al finalizar la rueda de prensa se nos dará cumplida información de lo que ha supuesto esta pérdida, y cómo puede afectar a lo previsto en la gala de mañana.

Con un poco de retraso, Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, presenta a Juliette Binoche. Somos informados de que serán 30 minutos de rueda de prensa, y por ello avisarán de la última pregunta.

Juliette Binoche viene vestida con un sobrio traje de chaqueta negro, tres cuartos y camisa blanca. Posa para los fotógrafos, sola primero y después acompañada de Méndez-Leite. Es tan guapa al natural como en las películas, refleja con sencillez la edad que tiene, y se muestra muy cercana.

Tras las fotos, una traductora le transmite las palabras de presentación del presidente de la Academia, y ella las agradece. Dice en inglés que va a hablar en inglés, que cree que así nos entendemos todos. Afirmamos que sí desde el otro lado, pero aun así, la traductora se ofrece de intermediaria.

Desde el primer momento, Binoche es una estrella próxima y natural, y sabe de estas situaciones. Sus contestaciones son sentidas, amplias y ricas en detalles y matices. Para empezar, y antes de dar respuesta directa a la primera pregunta (un tanto rutinaria), aprovecha un resquicio de la misma para expresar su satisfacción por estar en Sevilla, ciudad en la que ya había estado (ya me chafa una de mis preguntas y la posible invitación). Estuvo hace unos años, durante las navidades, y según cuenta, recuerda el frío, pero, al mismo tiempo, el cielo azul despejado y el olor a naranjas. Y que casi se queda sin cenar en Nochebuena, porque fue algo no planificado y llegaron tarde y no tenían reserva; aún así todo pudo solucionarse. Es una ciudad maravillosa, con el mismo color que reflejan los artistas españoles, y así hace un elogio de España, lo que supone recibir este premio en un país con tradición artística tan importante, con pintores como Goya y sus rostros, o El Greco, Velázquez, Gaudí, Lorca y tantos otros que nos inspiran y que necesitamos.

Como actriz, dice que se debe mucho a todas las profesionales que le han precedido, del modo en que esas mujeres, profesionales en el cine y en el teatro, se entregaban a su público; la escuela italiana que le influyó en sus comienzos, Lilian Gish, que sin palabras era capaz de transmitir los más hondos sentimientos, María Falconetti y su Juana de Arco; que todas ellas están de alguna manera dentro de ella. Al mismo tiempo observa cómo el papel de las mujeres va evolucionando, y que cada vez hay más personajes, más formas de tratar el amor, y que hay más mujeres directoras en la industria.

La segunda pregunta es si le gustaría o está pensando en dirigir. Contesta que cree que una actriz en cierto modo es una directora, en un sentido invisible, en una especie de sinergia que se establece en el set. Dice que ama la interpretación, pero que lo que ella hace es permitir que algo distinto a través de ella salga fuera, de igual modo que los directores permiten que ocurran esas y otras situaciones en el set. Así, algunas veces tu actitud concreta un poco la película, es una función que no queda definida, el trabajo de actriz. Es posible que haya trabajos más personales, que transmitas más y que contribuyas al resultado de la película.

Cuando le preguntan qué es lo que le lleva a admitir un premio y que significan para ella los premios (a mí me hubiera gustado plantearlo de otra forma, pero se acaba el tiempo y no es plan de preguntar sobre lo mismo), realiza una profunda y compleja reflexión sobre el hecho de actuar. Al concluir nos dice que será esto lo que tratará de explicar cuando reciba el galardón en la Gala (y así lo hizo, por cierto), porque no sabe si ha quedado muy claro. Habla sincera y apasionadamente. Dice que el premio no lo recibe como Juliette, como persona, sino es un premio a la fuerza creativa, a un fuego que surge dentro, una pasión. Que ella contempla la interpretación como una transformación, una posibilidad de vida. Y mostrar esa transformación a las personas, para que contemplen que es posible cambiar, y así poder ayudar a los demás. Pero que esa pasión y ese fuego, esa elección, no es fácil de llevar. Es difícil estar siempre expuesto; si lo eliges, es por el hecho mismo de devolver el amor que recibes. Los actores y actrices reciben mucho amor. Ella quiere devolver ese mismo amor y devolver también esperanza. Y no es fácil –continua-, hay que encontrar tu sitio, saber quién eres y por qué estás en ese lugar en el mundo. Hay que acercarse a todo ello desde la humildad. Si no lo haces, si no eres humilde, puede ser peligroso; si lo consigues, puedes desde ahí ayudar a los demás. Esa es la pasión y con ese sentido recogerá el premio.

La cuarta pregunta plantea la dificultad que tiene ser mujer en el mundo del cine y de la interpretación. Comienza por reiterar que las cosas son ahora diferentes a los años ochenta, cuando ella empezó. Casi todos los directores eran hombres. Ahora hay más mujeres directoras. Y era entonces una situación resbaladiza, porque siempre se establece una especie de seducción entre director y actriz. Reconoce que gracias a su educación, a la formación que le dio su madre para estar alerta ante los peligros que pueden aparecer, ha sabido ser fuerte y ha sabido decir no. Hay que ser fuerte para salvaguardar tu parte artística, tu trabajo como actriz. Que por supuesto que se le han planteado situaciones ante las que ha dicho que no, porque en ese momento estaba enamorada. Pero que también a veces le hubiera gustado seducir a directores, como a André Techiné, y que por eso se da esa delgada línea en la que hay que aprender a decir no. No solamente en el trabajo. Hace extensiva la situación a saber decir no en la vida. El camino no está hecho al principio, hay que ir haciéndolo, hay que saber decir que no, o saber decir que sí. A veces es dejarse llevar por la intuición. A ella le ha servido alguna vez, aunque también se aprende de los errores. Actuar es encontrar la luz, es ascender a la luz, pero a veces desde la oscuridad. Descender a la oscuridad facilita ascender a la luz.

De las cuatro preguntas, estas dos últimas han sido formuladas desde posiciones de delante de mi. Entiendo bien en inglés a Juliette Binoche, y sigo sus intervenciones, no espero a la traductora. A pesar de que me he traído una grabadora, tomo nota a vuela pluma de los detalles que me parecen más importantes, sorprendentes o curiosos. Se me ve interesado, reacciono a lo que cuenta, y juraría que en alguna ocasión Juliette me mira y percibe mi interés y mi atención.

Nos advierten de que es la última pregunta, en la que le piden que destaque algún trabajo como actriz que le cambiara. Consciente de ser la última pregunta, Juliette Binoche la aprovecha para trascender y dejar un mensaje vital muy positivo. Dice que no puede destacar ninguna película en su carrera, porque cada una de las películas que ha hecho le ha cambiado en algún sentido. Puede ser física, mental o sentimentalmente. Con cada director se trabaja de una manera diferente, cada vez que haces un trabajo es distinto, creas otros mundos, te rodeas de una nueva familia. Eso es lo que lo hace especial. Y tiene que ser especial, porque si no lo es, para qué hacerlo, no merece la pena. Debe haber un riesgo en cada película; que cada película te debe cambiar. Y si no es así, algo está fallando. Incluso en el cine más comercial. Si está interesada. Si no está lo suficientemente implicada, no le interesa y prefiere no hacerlo. Aunque el proyecto sea fallido, ya es especial, porque se diferencia de otros y los mejora. Es como en la vida, no se puede destacar un día sobre otros, hay que conseguir hacer todos los días distintos y especiales. Y los días menos buenos sirven para que los mejores queden más destacados.

Con estas reflexiones Juliette Binoche cierra la rueda de prensa y recibe un aplauso sincero de los asistentes. Mientras recoge sus cosas y la atienden al bajar de la tarima, va subiendo Fernando Méndez-Leite, muy afectado, para comunicar el fallecimiento de su amigo Carlos Saura, y como afecta a la preparación de la Gala de mañana.

Mientras, Juliette Binoche va abandonado el Salón de los tapices, mirando con cierta timidez a los periodistas allí sentados. Al pasar por mi lado, apoya (o roza levente mi hombro con su mano) y mirando en mi dirección musita un “Merci”. No sé si lo diría a toda la concurrencia o sólo a mí, pero quizá prefiero mantener la ilusión a tratar de averiguarlo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.Ver
Privacidad