Entrar a ver esta obra de teatro es, como zambullirte en la oficina de prensa de un partido político, donde los expertos en “transmitir” están preparando el discurso del Presidente del Gobierno de un país que no se especifica, que va se dirigirirá a sus afiliados y claro está, será una plataforma ideal para hablar y convencer a la nación de que en sus manos está el mejor futuro posible.
Sabemos que hay toda una serie de técnicas que saben cómo utilizar la imagen y el lenguaje de nuestros políticos, para que lleguen a la mayor cantidad de posibles votantes y poder adjudicarse sus votos, que les ayuden a permanecer en su poltrona de poder, donde todo el que la ocupa se resiste con uñas y dientes a abandonarla.
Ambientada en un país indefinido, pero que nos resultaría demasiado familiar a muchos ciudadanos de diferentes países del globo, donde vemos que ningún político dimite, por más que lo pillen en falta, o la corrupción entre la clase política que desvía contratas a empresas propias, o acepta el pago de viajes de placer como contraprestación de servicios prestados, o para esconder a alguien incómodo del coso de los periodistas, por no hablar de temas mucho más graves, que no desvelaré para no reventar sorpresas a futuros espectadores de la obra.
Leo en el programa de mano que se nos entrega a la entrada, que la compañía de actores que hicieron recientemente “Todos eran mis hijos“, con Carlos Hipólito, Frank Perea y Manuela Velasco de cabeza de cartel, crearon tal vínculo de familia entre todos ellos, que querían volver a trabajar juntos y buscaron un texto para poder reunirse de nuevo, encontrándolo en esta obra en la que se las han ingeniado para contar con Hipólito, aunque en una intepretación grabada.