La historia de “El hombre invisible” que escribiera H.G. Wells a finales del siglo XIX ha conocido múltiples versiones para el cine, la televisión, el teatro, incluso relatos radiofónicos que siempre ha despertado admiración por ese personaje de buenas intenciones, atrapado por uno de sus experimentos, que puede ver y escuchar a los que le rodean, sin que ellos sean conscientes de su presencia.
Rodolf Sirera ha construido una adaptación muy libre de la historia, dirigida a un público infantil, que asiste atraido por la incognita de “ver a un hombre invisible” y entra desde el primer momento en lo misterioso del relato, cuando ve a unos personajes que llevan máscaras sobre sus caras ocultando sus rostros, moviéndose acompasadamente en unas coreografías que atrapan al niño en su butaca, manteniéndolo en silencio ante la curiosidad de lo que vaya a venir.
Me llamó la atención asistir a una sesión repleta de niños que mantenían la respiración en los momentos de tensión y misterio, reían a carcajadas sin vergüenza en las alocadas persecuciones por el Motel Bates o en la lucha del Hombre Invisible contra el malvado Moriarty junior, o seguían hechizados las coreografías de Rosangels Valls para aquellos personajes con máscaras sobre sus caras, comportándose durante cerca de la hora y media que dura la obra, mucho mejor que algunos adultos en teatros de postín.
Hay que ser justos y reconocer el mérito de Nacho Diago que además de interpretar al Doctor Griffin, ha desarrollado los efectos visuales para cuando actúa como Hombre Invisible, Anna Casas es Gloria Moreau la dulce novia de Griffin, Albert Forner es Sherlock Holmes, Xavo Giménez es el Doctor Watson, Enric Juezas es el Doctor Moreau, Miguel Arnau es el Profesor Moriarty jr., Pepa Sarrió es la Señora Bates y Xoxe Gimnénez su hijo Norman, aunque estos ocho actores, se multiplican para dar vida a los diversos personajes que completan la acción.
Además el texto es ofrecido en valenciano, con algunos momentos humorísticos en inglés muy básico, que el público ríe por cómo están desarrollados, con lo que tenemos una oportunidad de oro -casi una isla en el océano- de poder asistir a teatro en valenciano en nuestra ciudad, donde vergonzosamente mucho público le da la espalda, así que esperemos que las nuevas generaciones que acuden ahora a este tipo de representaciones, con el tiempo sientan menos prejuicios para entrar a ver una obra de teatro, enriqueciéndose e integrando el uso de una lengua que no les debería resultar extraña.
TEXTO: Rodolf Sirera a partir de algunos relatos de H.G. Wells
MÚSICA: Joan Cerveró