Concha Velasco aquella “muchachita de Valladolid”, que postuló como “chica de la Cruz Roja”, que fuera pareja artística de Tony Leblanc, José Sacristán, Alfredo Landa o Manolo Escobar, que se atrevió con la Doña Inés en el Tenorio con Paco Rabal y fue la “chica yeyé”, esa Conchita que trabajó en revista, teatro, televisión, teatro musical, ella que ha sido musa para Adolfo Marsillach o Alfonso Gala, requerida para el cine por directores como Pedro Olea, Berlanga o Mario Camús, ella que se ha colado en nuestros hogares desde televisión presentando tantos programas, es por derecho propio una gran dama del teatro de España.
Su tremendo empuje y vitalidad le han permitido seguir adelante a pesar de tantos y tantos traspies, económicos, sentimentales o de salud, que no han mermado la actividad trabajadora de una Concha que en los últimos años nos ha regalado tres personajes de mujeres fuertes como ella en las obras “LA VIDA POR DELANTE“, “HECUBA” y “OLIVIA Y EUGENIO” y que ahora nos llega con otro reto del que sale triunfante, vitoreada por un público en pie en cuanto termina la función de un mal llamado monólogo, centrado en la vida de Juana I de Castilla, más conocida como “Juana la loca”.
La perspectiva en el tiempo y el trabajo de historiadores descubrieron que tanto a Isabel La Católica, como a Isabel de Portugal, madre y abuela de Juana respectivamente, también se las intentó acusar de ciertas rarezas en sus conductas para apartarlas del ejercicio del poder y es que estamos en el siglo XV, toda una locura pensar que se le podría dar el poder de reinar a una mujer. El tema ha sido tratado varias veces tanto en nuestro cine en “Locura de amor” (1948) protagonizada por Aurora Bautista, como en “Juana la loca” (2001) interpretada por Pilar López de Ayala y que ha traido a la actualidad la serie televisiva “Isabel” (2012-2014), en el que Juana lo interpreta Irene Escolar.
He dicho que Concha está sola en escena y no es cierto ya que está arropada por el excelente diseño de luces de Juanjo Llorens. Nunca había sido tan consciente del papel tan vital que puede adquirir la luz para dar calidez, emoción, brillo y color a un escenario del que en principio solo descubrimos unas paredes negras, pero que nos irá transportando a una iglesia, a las puertas de un jardín, o a al salón de palacio y esos focos cenitales que envuelven en un aura a la protagonista, sin que por ello ninguna sombra en el rostro de la actriz no nos deje ver cada matiz de su actuación.
TEXTO: Ernesto Caballero
DIRECCIÓN: Gerardo Vera
Para terminar varios fragmento de la actuación de Concha Velasco