El primer vinilo que me compré fue “Help” de los Beatles y recuerdo cuando me llevaron al cine a ver “Qué noche la de aquel día” (A hard day’s night) y mi padre nos llamó la atención varias veces a mi primo y a mi porque no cesábamos de movernos en la butaca al ritmo de la música, por eso echar la vista atrás ahora, lejos de la emoción y el impulso que nos movía por aquel entonces con todo el mundo me ha gustado y quiero agradecer a Ron Howard que haya hecho la película “Eight days a week”, porque puede aclarar muchas ideas sobre el tema.
The Beatles aparecieron allá por 1962 con “Love me do”, “She loves me” o “Twist ans shout” o Please please me”, cuando no existían las redes sociales y sólo estaba la radio por lo que cuesta entender cómo aquellos cuatro melenudos considerados un peligro por muchos gobiernos y padres pudieron conectar con la juventud de todo el mundo y es que eran espontáneos, lejos de un producto de laboratorio tipo Il Divo o las Spice Girls por poner dos ejemplos, sino que había cuatro jóvenes, alguno todavía menor de edad, que tras su experiencia en Hamburgo actuando ocho horas diarias en clubs nocturnos, regresaron a su Liverpool con una mochila repleta de más horas de práctica de las que muchos músicos soñarán nunca.
Es cierto que al conectar con Brian Epstein, su manager, éste se ocupó de darles una apariencia estudiada, con trajes elegantes Saville Row y botines, además de un corte de pelo que visto hoy tiene poco de “melena”. Otro nombre decisivo en el “acabado” de los temas fue George Martin, el director musical considerado el “quinto Beatle” que se atrevió a jugar y potenciar la espontaneidad del grupo donde no había un cantante solista y sus acompañantes, sino que todos vestían igual y en mayor o menor medida cantaban en los temas y las decisiones eran acordadas unánimamente.
Las estrellas se alinearon para que coincidiesen aquellas cuatro genialidades que pensaban como grupo y buscaban la forma de explorar y mejorar cada uno de sus trabajos. Tras incluir en los discos de sus principios algunas versiones de otros, finalmente consiguieron imponer sus composiciones firmadas todas por Lennon y McCartney, aunque partiesen de ideas de uno u otro y las elaborasen luego hasta redondear el tema de forma que complaciese al cuarteto en su composición y elaboración.
Tras aquellos conciertos multitudinarios en los que las calidades de sonido distaban mucho de los avances de hoy en día y el griterio de las fans que les impedía escucharse entre ellos y cansados de una vida que les llevaba de concierto a entrevista o actuación en televisión y a otro concierto o recepción, conviviendo los cuatro “Ocho días a la semana” como dice una de sus canciones, hizo que decidieran abandonar las giras y meterse en el estudio de grabación para explorar en la música que era lo que realmente les apetecía por más que lo que les daba más dinero eran los conciertos.
Eran mucho más que Lennon & McCartney como demostraron tras separarse descubriéndonos a un Lennon amante de jugar con las palabras (Love) y las ideas (Imagine, Power to the people), McCartney con las baladas y ritmos (My love, Band to the run) y George Harrison que pudo dar rienda suelta a su faceta como compositor mostrando su virtuosismo y espiritualidad (My sweet Lord, While my guitar gently weeps), incluso el mismo Ringo Starr aunque en menor medida, contó con la colaboración de sus compañeros en muchas ocasiones tanto en las grabaciones como en actuaciones en directo.
Terminamos con algunos videos promocionales de la película