Woody Allen me dejó anclado en la butaca desde la primera escena, con esa imagen fija de la pelota de tenis golpeando en la red, mientras una voz en off nos cuenta que por un instante, mientras está en el aire no hay nada decidido y dependerá de la suerte que la hará caer de uno u otro lado, para decidir quien gana el punto. La importancia del azar, uno de los temas principales en la filmografía del director.
No era la primera vez que Allen mostraba su habilidad para el drama, pero aquí, a mi entender, va mucho más allá, con esa historia del tenista ambicioso, capaz de cualquier cosa, con tal de mantener su status. El final es redondo y fiel a lo anunciado en la escena inicial sobre lo que la suerte puede hacer en la vida de las personas.
Además esta película está rodada en Londres, ciudad que me tiene robado el corazón y hasta llegan a entrar en el Apollo Theatre, donde se está representando “The woman in white” de Andrew Lloyd Webber. Protagonizada por unos guapos Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johansson, que volvería a trabajar con el director en “Scoop” y “Vicky Cristina Barcelona”. Otro gran film de Woody Allen.