Blake Edwards dirigía esta película que suponía la vuelta al cine de su mujer Julie Andrews, tras cuatro años retirada de la pantalla, dedicada a sus hijos. El argumento es una mezcla de intriga y romance que funciona muy bien en manos del director.
Julie trabaja para el Ministerio de Interior inglés. Tras la muerte de su marido en un accidente marcha para descansar a Barbados. Allí conocerá a Omar con el que establece una bonita relación, hasta que sus jefes detectan que él trabaja para el gobierno ruso, lo cual hará aflorar la sospecha de que su encuentro no sea casual, sino una trama de espionaje, que entorpecerá la relación de la pareja.
Como un par de extras a destacar los títulos iniciales del siempre sugerente Maurice Binder y la música, porque en esta ocasión Blake Edwards no recurrió a su habitual Henry Mancini, quizá por estar ocupado y trabajó con John Barry que es perfecto para musicar esta historia de espionaje, misterio y romance.