Película clásica de cine negro. Dirigida en 1949 por Raoul Walsh, uno de los grandes narradores como John Ford o Howard Hawks, que en esta ocasión nos cuenta la historia de un psicópata que lidera una banda de gangsters, acompañado de su madre, una dominante mujer que ejerce sobre él una influencia total. La frase “¡Mamá, lo he conseguido!”. “¡Estoy en la cima del mundo!” es una de las más famosas de la historia del cine, que todo buen cinéfilo conoce.
La trama mantiene el interés a lo largo de las casi dos horas de duración, sin decaer en ningún momento. Tiene unos personajes que se enfrentan a temas como la soledad, la traición, el amor y la muerte, haciendo que algunos críticos vieran en ella un estilo muy shakesperiano y es que la película va mucho más allá de lo policiaco, gracias sobre todo, a lo bien construidos e interpretados de cada uno de los personajes.
James Cagney, actor y bailarín que ganó un Oscar por su interpretación de “Yankee Doodle Dandy” dando vida a George M. Cohan, letrista, compositor, actor, guionista y bailarín que tiene una estatua en el mismísimo Times Square de New York. Cagney tuvo que luchar para que le dieran la oportunidad de hacer la película, mostrando sus cualidades como cantante y bailarín, lejos de los personajes violentos que le hicieron famoso en el cine. Tras ganar el Oscar fundó su propia productora, pero tras siete años de fracasos, volvió a la Warner Bros y aunque no quería volver a los papeles de gangster, aceptó esta película tras leer el guion y a día de hoy cuesta imaginar a otro actor en este papel.
Su interpretación del violento gangster sacudido por migrañas que debe ocultar, para no perder autoridad frente a los de su banda, es todo un prodigio. Margaret Wycherly es su autoritaria madre y Virgina Mayo su mujer. Cagney quedó tan satisfecho con el trabajo de Virginia Mayo que la contrató para su siguiente película musical, en la que cantaron y bailaron juntos. Edmund O’Brian es un policía camuflado que se introduce en la banda de Cagney y todos, todos, están perfectos manteniendo la tensión hasta el último momento.