Frank Darabont es un guionista que debutó en la dirección con esta película, adaptando la novela de Stephen King “Rita Hayworth y la redención de Shawshank”, que los creativos distribuidores españoles decidieron cambiarle el título por el de “Cadena perpetua”.
La historia se desarrolla en una prisión. Un joven (Tim Robbins) es acusado de un asesinato del que se declara inocente. Su historia en la cárcel nos la cuenta otro preso (Morgan Freeman), que lleva encarcelado mucho más tiempo que él y con el que llega a forjar una buena amistad. Las películas bélicas o carcelarias suelen tener menor reclamo que las que cuentan con mujeres en el reparto y cuentan alguna historia de amor, algo que no ocurría en esta, pero el guion prometía.
Se barajaron nombres de grandes actores como Gene Hackman, Rober Duvall, Clint Eastwood, Paul Newman, Tom Cruise, Tom Hanks, Kevin Costner, Johnny Deep o Brad Pitt que por una u otra razón no pudieron hacer la película, aunque la pareja protagonista final está muy bien. Mención muy especial para Morgan Freeman cuya voz en off nos va contando las cosas que pasan y no vemos en pantalla. ¡Qué voz y qué forma de narrar! (si la ves en versión original, claro).
Las cerca de dos horas y media pasan sin sentir y todos los giros de la trama funcionan, aunque, sobre todo en la media hora final, algunas escenas resultan demasiado “peliculeras”. Por otra parte los encargados de maquillar a Tim Robbins, parece que confundieron su personaje con el de Benjamin Button, ya que al final de la película, Robbins luce más joven que treinta años atrás cuando entró en la prisión.
La música es de Thomas Newman que confesó haber tenido que contenerse, para no subrayar escenas importantes, que funcionaban por sí solas, sin necesidad de la música.