Si hablamos de cine y de creadores del lenguaje cinematográfico, Ernst Lubitsch es indiscutiblemente un maestro. Billy Wilder el prestigioso director y guionista, que trabajó con él, tenía colgada en su oficina una frase enmarcada que decía “¿Cómo lo habría hecho Lubitsch?” por ser su referente a la hora de contar cosas.
Estamos con una película de 1937, en la que Lubitsch pone en escena el triángulo entre una mujer (Marlene Dietrich), su marido (Herbert Marshall) y un enamorado (Melvyn Douglas). Algo muy normal visto hoy, pero que la censura de la época no permitía que aparecieran un hombre y una mujer, acostados juntos en la misma cama, ni siendo matrimonio. Como máximo uno debería estar debajo de las sábanas y el otro sobre ellas. Eso no fue problema para Lubitsch, que lo resolvió a pesar de lo extraño que resulte ver un matrimonio que se dice felicísimo y que duerme en habitaciones separadas y nunca se les ve darse un beso en la boca.
Mención especial para el gran secundario Edward Everett Horton que como siempre está espléndido con sus miradas, silencios y muecas. La música es de Friedrich Hollander, que emigró a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi a los judíos y escribió muchas canciones que popularizó Marlen Dietrich además de la música para “El ángel azul”, “Sabrina” o “Berlín Occidente”.