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FEDRA EN LOS INFIERNOS

“Fedra en los infiernos” es una historia que arranca a raíz del suicidio de Fedra, la esposa de Teseo, rey de Atenas, que enamorada de su hijastro Hipólito, al tratar de seducirlo y ser rechazada, consumida por el deseo y la culpa, se envenena, desatando una cascada de desgracias, de la que siempre se la acusó por su inapropiado comportamiento.

José María del Castillo escribe y dirige esta obra con Fedra en el infierno, suplicando a Cloto, Láquesis y Atropos, las tres diosas griegas responsables del destino de los humanos, para que la dejen volver a la tierra y poder reescribir su historia, porque sabe cómo actuar para no repetir los mismos errores. Las diosas no la creen capaz, pero le dan una segunda oportunidad. ¿Podrá Fedra controlar su deseo por Hipólito?. ¿Tenemos opción de escribir nuestro destino?. ¿Es Fedra culpable de todo lo que ocurrió tras su muerte?. Quizá su única culpa fue amar.

Julio Peña y Lydia Bosch en “Fedra en los infiernos”

La propuesta que nos hace el director es muy interesante. Nos permite cuestionar toda una serie de  juicios y prejuicios, que siempre me llevan a lo de “no juzguéis y no sereis juzgados”. El plato fuerte de la obra está en un texto que llega potente y claro al público. Un grupo de trece actores liderados por una excelente Lydia Bosch, perfecta como esa Fedra insegura, enamorada, vengativa, celosa, valiente y reivindicativa del derecho a amar, sin culpa ni miedo. Sus monólogos son oro puro.

El resto del reparto todos muy entregados a sus personajes, algunos doblan papel. Tenemos a Julio Peña (Hipólito), Alejandro Albarracín (Teseo), Marta Calvó (Cloto / Nodriza), Antonio Albella (Terámenes / Átropo), Eva Diago (Anaxandra / Láquesis), Yaiza Marcos (Aricia) y Marc Bonnin, además de los bailarines. El diseño escénico de Anna Tussell es austero, moderno y funcional. El vestuario obra de Pier Paolo Álvaro y Roger Portal juega muy bien con los colores y las diferentes capas que llevan los actores, para ir escondiéndose o liberándose de ellas, según el momento.

Lydia Bosch, Juio Peña y Yaiza Marcos en “Fedra en los infiernos”

El problema nos viene con el apartado del sonido y la música. No es un musical y poner un número musical en el arranque puede funcionar, pero la música y coros estaban pregrabados. Los actores cantaban sobre el sonido amplificado, excesivamente alto. Gracias a que era una función inclusiva con sobretítulos, pudimos seguir el texto. El siguiente número musical en una clase de lucha, totalmente prescindible y nada creíble. Todos se movían siguiendo la misma rutina. Como mínimo cada pareja de luchadores debiera tener una coreografía diferente. Es una escuela de lucha, no de danza.

El último número musical ocurre en una fiesta. Fedra, celosa de Aricia que ha acudido con Hipólito, no deja de incomodarla a ella y al resto, con comentarios malintencionados, creando una tensión que hace que la pareja quiera abandonar la fiesta en varias ocasiones, pero Fedra se lo impide y los invita a bailar. En medio de esa tensión, Anaxandra canta una canción. Todos se alinean y bailan una coreografía muy vistosa y armónica, que no encaja para nada con la tensión del momento.

La música, las canciones y las coreografías deben ser orgánicas con el resto de la obra, deben ayudar a contar la historia, para que nos creamos lo que pasa en escena y no cortar la tensión dramática del momento, para meter un número que “queda bonito”. Esos números, en los mismos momentos de la obra, con otra música y otra coreografia, podían haber funcionado, pero aquí me sacaban de la historia.

Resumiendo una obra muy bien escrita, muy bien interpretada, con una puesta en escena original y muy plástica jugando con las telas y colores, en la que se debiera haber cuidado un poco más el apartado musical. Se ha podido ver en los teatros romanos de Mérida y de Sagunto.

Termino con un video promocional de la obra

Categories: Nuevas Crónicas
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