El miércoles 17 de mayo de 2023, a beneficio de la Asociación nacional Afar, se celebró en Sevilla “De Broadway a Hollywood”: Musicales de cine. Quizá calificarlo como concierto se quede corto, porque fue más un espectáculo mayor, que trajo la luminosidad del musical a la noche sevillana.
Gracias a la amabilidad de su director musical, Alfonso Casado, y a la intercesión de Paco Dolz, pude asistir al ensayo que tuvo lugar ese mismo día, por la mañana.
Teníamos que estar sobre las diez y media en el Cartuja Center de Sevilla, y allí nos atendería Manuel, uno de los hermanos de Alfonso Casado. La naturalidad de Manuel y de Antonio Casado facilita mucho las presentaciones. Los he tratado con anterioridad, en otras situaciones y eventos, y al propio Alfonso también, y sé de su amabilidad. Y es de agradecer.
Antonio concurre con un grupo de alumnos del instituto de Sanlúcar de Barrameda donde da clases. Son de la optativa de la música de tercero y cuarto de ESO, y vienen muy preparados y muy emocionados por la posibilidad que se les ha brindado.
Igual de emocionado me encuentro yo. Además de Paco Dolz, estoy acompañado por Ángel de Quinta, autor, en el programa, de la presentación del espectáculo, y de Eva García-Diéguez, mi mujer, apasionada de los musicales.
¡Vamos a asistir al ensayo! Es una oportunidad que pocas veces se tiene. Uno observa a músicos preparando sus instrumentos, charlando entre ellos animadamente, a técnicos moverse aquí y allá, a los cantantes desprovistos de ropajes que los envuelven en esa realidad lejana que se desarrolla en el escenario, y todo toma una dimensión diferente. Están ahí, charlando, en ropa informal, calentando, y uno siente hasta cierto pudor al descubrir los entresijos de su trabajo, pero también la fascinación de observar el funcionamiento interno, a los profesionales empeñados en aunar labores para presentar el resultado final.
Alfonso Casado es uno de los directores más apreciados en el West End londinense, situado en un nivel muy relevante en el mundo del teatro musical. Al verlo trabajar, uno percibe enseguida la razón del lugar que ocupa. Además de su preparación musical, está muy preocupado de que el resultado final sea óptimo. Por eso, más allá de la labor musical, está pendiente de la calidad del sonido, de la instalación, de dónde caen las luces, del humo… también se preocupa de que los músicos y los cantantes estén cómodos a la hora de desarrollar su labor. El secreto de un buen resultado es rodearse de los mejores y saber extraer de ellos lo mejor. Alfonso lo logra con cada detalle, en cada pequeño avance, con cada pequeña corrección. Pero todo eso, llevado con mucha tranquilidad, como si no hubiera urgencias, mucha cortesía, y creando muy buen ambiente. Por experiencia propia (no a este nivel, desde luego) sé que en la manifestación artística grupal es muy importante el buen clima. Alfonso lo sabe, y se muestra como un maestro en este aspecto también.
En esa marea de movimientos que hay en esos momentos previos, Alfonso saca tiempo para acercarse a los alumnos de la Eso, y con una amabilidad y naturalidad encomiable, les presenta el ensayo, les ruega silencio y que no se difundan imágenes por redes, y que si tienen cualquier duda, la apunten y que él las resolverá más tarde, como de hecho hace luego, dedicándole tiempo y atención en el descanso, contestando a sus preguntas.
Cuando los músicos comienzan a calentar y a afinar, de pronto pasan a interpretar, como el que no quiere la cosa, el “Cumpleaños feliz”. Se lo ofrecen a uno de los violinistas de la orquesta, que en el descanso invitará a cafés a sus compañeros.
Antes de empezar, ya en la tarima de dirección, Alfonso saluda a los músicos, les muestra el display de sonido y de luces, y les ruega que le comuniquen sus necesidades, o sus posibles molestias por las luces, el sonido o lo que sea, agradeciendo siempre su colaboración.
Primero van a repasar los números instrumentales. Tras un arranque en falso del Tema de James Bond (que luego resulta ser un medley), hay que mover el piano porque la pianista no ve a Alfonso. Así mismo, hay que recolocar algunas luces de los costados porque dan en el rostro de los músicos. Alfonso agradece siempre la paciencia de todos.
Luego, mientras los técnicos van preparando los micros para los cantantes, afrontan otro medley que comienza con la fanfarria de la Universal Pictures, para seguir con temas muy conocidos de musicales. Cuando Alfonso detiene la ejecución y pide a Nic que optimice el sonido del piano y del contrabajo, uno siente que asiste en silencio al proceso creativo. Paco aprovecha para cambiar impresiones con Gerónimo, al que habíamos saludado antes. Se muestra tan cordial como en otras ocasiones. Parece disfrutar con cada detalle del ensayo, toma fotografías, graba a sus compañeros, se divierte. Paco les pide una foto de grupo a los solistas, que posan amablemente. Mientras, las pruebas siguen, las luces del telón de fondo van cambiando de color.
Bradley Jaden comienza los ensayos de los cantantes interpretando “Smile” de Chaplin. Todo envuelto en luz azul. Durante el desarrollo, de repente, Alfonso, sin soltar la batuta, se baja del escenario y corre hacia el fondo de la sala. Me imagino que a comprobar cómo suena y qué tal se ve la iluminación, supervisa todos los aspectos del resultado final. Es tan repentino que al poco, Jaden deja de cantar, pendiente del director, aunque la orquesta continúa. Al regresar, Alfonso le comenta algo, sonríen, y en seguida retoma el tema hasta concluirlo. Es perfecto. Melancólico. Los chicos de la ESO flipan. Se están comportando estupendamente.
Esa misma voz suena a capella arrancando el dúo bilingüe de “Los puentes de Madison”. Es acompañado por Louise Dearman. El timbre de ella es tan cálido, y la voz de él tan poderosa, que cuando se interrumpe la ejecución por un error en la página 51, nos descoloca y hasta nos molesta: “¡sigue, da igual!”, entran ganas de decir.
Y a poco llega el descanso. Alfonso atiende las preguntas de los estudiantes, Nic va y viene repasando los micros y los monitores de los cantantes, el cumpleañero convida a sus compañeros, y va llegando el coro. Sobre las trece horas se retoma la segunda parte del ensayo. Alfonso hace las presentaciones del coro (formado por miembros de TomaTeatro y RED Teatro musical) a la orquesta, y de la orquesta al coro. Nic requiere a Alfonso para sonorizar mejor al coro. Mientras, de entre la orquesta, se escapan las notas salpicadas de “La, la Land”.
Fuera, aunque decían que iban a bajar las temperaturas, debe estar cayendo el sol sobre los coches y las personas, calentando sobremanera el ajetreo de salida de trabajos o estudios y el regreso a casa. Dentro, el tiempo se detiene mientras “The Greatest Showman” suena en la orquesta, los cuatro cantantes y el coro. La mañana ha pasado suspendida en una nube. Los alumnos de Antonio se marchan: tienen que llegar a Sanlúcar. En el escenario suena “Over the Rainbow”, interpretado por los cuatro solistas. Después, todos también interpretan el que será el bis del espectáculo, “Anything can happen if you let it”. Se repite y mejora el final. Cuando se marcha el coro me doy cuenta que esto se está terminando. Aún queda, pero lamento que se acabe.
Un fragmento de “Defying Gravity” ajustado a la tesitura de Gerónimo Rauch. Gerónimo y Alfonso se conocen desde hace tiempo, y han trabajado juntos en muchas ocasiones. Toda esa complicidad se nota en el escenario durante el ensayo de “El tango de Roxanne”. Nic ha vuelto a revisar los micros. Alfonso corre otra vez hacia el final de la sala. Se repasa el final del tango.
La orquesta se va retirando, quedando emplazados a las seis, o seis y media. Casi no podemos despedirnos de Alfonso, aunque sí de su hermano Manuel. Nos marchamos con el entusiasmo de haber asistido a otro espectáculo distinto de lo que sonó (o sonará) por la noche. Gerónimo Rauch nos confesaba que a él es la parte que más le gusta, los ensayos, y que suponen un complemento a lo que veríamos por la noche. En efecto, sí, lo es.
Hemos asistido, como también dijo Gerónimo, a cómo se construye la magia.