No he visto muchas zarzuelas, pero debo reconocer que las pocas que he visto, si bien el argumento en ocasiones peca de bienintencionado y como de una época pasada, recurriendo mayorente al sainete costumbrista, si analizamos el apartado musical es perfectamente defendible y ha resistido mucho mejor el paso del tiempo. No olvidemos que existen argumentos de musicales o piezas teatrales, que fueron escritas en otro tiempo y hoy nos rechinan algunas frases, basta recordar el final de “My Fair Lady” en la que el Profesor Higgins, como muestra de que ha “perdonado” a Elizza, le pide que le lleve las zapatillas, o en “Carousel” cuando al final, el tosco Billy Bigelow da un bofetón a su hija y ésta pregunta a su madre, si es normal que un bofetón se pueda sentir como una caricia, por poner dos ejemplos bien claros.
En el caso de la zarzuela que nos ocupa, me encontré con una puesta en escena de Gerardo Trotti muy digna y bien cuidada, un escenario único para los dos actos de la obra, donde todo ocurre en la calle, donde tenemos el Bar, la tienda de flores llamada “El manojo de rosas” donde trabaja Ascensión, el portal de la finca y el bajo del taller en el que trabaja Agustín, así como las diferentes alturas del edificio, con los balcones y ventanas que nos permiten ver a algunos de sus habitantes, con algún efecto escénico para mostrarnos lo que ocurre dentro, en la escalera del edificio.
Leo con asombro que esta zarzuela se estrenó en 1934, nada menos que hace ochenta años, es más, en la España Republicana, con lo que algunas frases que hoy suenan normales, en la época no lo serían tanto, donde la joven Ascensión que trabaja en una floristería esté enamorada de un sencillo mecánico y se enfrenta a su padre, que quiere casarla con un aviador porque es rico, pero ella se niega a casarse si no es con alguien a quien quiera, por lo que cuando descubre que el mecánico es de una familia de dinero, quiere renunciar a él, porque no quiere utilizar el matrimonio como forma de mejorar económicamente y esto, en una época donde la meta de la mujer, era encontrar alguien con quien casarse, suena modereno.
Carmen Romeu como Ascensión y José Julián Frontal como Joaquín estuvieron muy bien, mientras que también debo destacar el gracejo y potente voz de Ruth Iniesta como Clarita, la amiga de Ascensión, que más cantantes que actores, supieron sacar adelante sus papeles con dignidad, cumpliendo incluso hasta en las partes bailables con las coreografías de Goyo Montero, que estuvieron a la altura del espectáculo que combina sabiamente desde los pasaodobles a fox trot.
La excelente música del maestro Pablo Sorazabal sigue brillando a lo largo de toda la obra, pero el público espera especialmente expectante el pasodoble del entreacto y el director espera hasta que el silencio en la sala sea total y consigue que la orquesta se luzca. Pienso que hay que saber asomarse a nuestras raíces y que necesitamos de directores que sepan atraer a público nuevo, ya que la media de edad de los asistentes a la función en la que estuve, era muy alta.
MÚSICA: Pablo Sorazábal
LIBRETO Y LETRAS: Anselmo Cuadrado Carreño y Francisco Ramos de Castro
Existen algunos CDs con la obra completa, en el que los papeles son intérpretados por cantantes y actores, para un mismo papel, como el que mostramos que contaba con Teresa Berganza en el papel de Ascensión y actores bien conocidos para los diálogos.