Aunque el título pueda llevar a engaño, quiero advertir que Alfredo Sanzol con su última obra “LA TERNURA”, no ha escrito una pieza romántica y dulce, sino que ha rebasado los límites del humor fino, la ironía y la comedia con toques fantásticos de sus anteriores trabajos “LA CALMA MÁGICA” o “LA RESPIRACIÓN“, para zambullirse en la comedia clásica homenajeando nada menos que a William Shakespeare, permitiéndose citar en el texto algunos títulos de las comedias del bardo y tomando ideas de algunas de sus obras para escribir un argumento original y descacharrante.
La acción nos lleva a una nave dentro de la Armada Invencible española, en la que viajan enviadas por el rey Felipe II, una reina con sus dos hijas elegidas para casarse con nobles ingleses a fin de asegurar la fuerza de sus países, pero la soberana española planea hundir la flota con su magia y escapar con sus hijas a una isla desierta donde vivir tranquilas, sin tener que soportar a los hombres, pero la isla, ¡ay!, no es como habían previsto y en ella hay tres leñadores que se han refugiado para vivir libres de tener que soportar a ninguna mujer.
En la obra se nos presenta a una madre que quiere apartar a sus hijas de los hombres, para que no se enamoren y sufran, exactamente lo mismo que el leñador padre quiere para sus hijos, pero el amor es preciso, inevitable y para vivirlo hay que demostrarlo, dando espacio a LA TERNURA, arriesgándose a mostrar los sentimientos y a jugar en la rueda de la vida, que por más que los padres intenten guardar del dolor a sus hijos, saben que es una batalla perdida.
Los seis actores que dan vida a la obra son Paco Déniz (leñador Verdemar), Elena González (Reina Esmeralda), Natalia Hernández (Princesa Salmón), Javier Lara (leñador Azulcielo), Juan Antonio Lumbreras (leñador Marrón) y Eva Trancón (Princesa Rubí), todos ellos vestidos del color que identifica a su personaje por Alejandro Andújar, que también se ha encargado del espacio escénico, prácticamente vacío, pero con recursos suficientes para dar cabida a las necesidades del guión.
La iluminación de Pedro Yagüe y la música de Fernando Velázquez subrayan perfectamente cada situación y la suma de todo el equipo hacen del producto una obra muy bien acabada, de dos horas sin interrupción, que pone en pie al final a todo el público con sus aplausos, obligando a salir a saludar a los actores en repetidas ocasiones.
Un divertimento que puede convertirse en la sensación teatral de la temporada. Estuvo agotando localidades en el Teatro de La Abadia de Madrid hasta el 4 de Junio de 2017, pero ha salido de gira y si pasa por vuestra ciudad, os garantizo dos horas repletas de diversión.
Texto y dirección: Alfredo Sanzol