Estupendo cuento infantil del reconocido Roald Dahl, autor entre otros de los famosos James y el melocotón gigante, Gremlins, Matilda o El fantástico Mister Fox, aparte del que nos ocupa en este artículo y que ha sido llevada al cine en varias ocasiones, siendo las más famosas la de 1971 con Gene Wilder de protagonista estrenada en España como “Un mundo de fantasía” (Willy Wonka and the chocolate factory) y la del 2005 con Johnny Deep dirigido por Tim Burton y estrenada con el título del cuento original “Charlie y la fábrica de chocolate” (Charlie and the chocolate factory).

Personalmente de las dos versiones me quedo con la de 1971, por perfilar unas composiciones de los personajes más logradas, con  un Willy Wonka estupendamente creado e interpretado por Gene Wilder que desde el principio no terminas de saber si lo que te dice es en serio o es una broma, o los niños mucho más insoportables y malcriados que los de la película de Burton y el ambiente mantiene ese aire entre mágico y bonito de los cuentos infantiles, que en Burton se torna retorcido y desagradable innecesariamente, con escenas añadidas para acentuar dicho aspecto repulsivo, como el niño Willy Wonka con el aparato corrector de dientes o el palacio de chocolate derritiéndose sobre la cara del maharajá, con su color marrón espeso.

Si a ello añadimos que la película de 1971 era musical, escrita por Leslie Bricusse y Anthony Newley, ganaremos más puntos a favor de esta versión, aunque hay que reconocer que la música de Danny Elfman en la película de Burton y el niño que interpreta a Charlie, son para mi gusto lo más conseguido del otro film.

La historia nos presenta a Charlie, un niño que después de clase, reparte periódicos para ganar algunas monedas con las que ayudar en las necesidades de su familia. Vive en una vieja casa con su madre ya que su padre falleció tiempo atrás. En la habitación central de la casa, una gran cama de la que no se han levantado en años, sus cuatro abuelos, que duermen, comen y viven cada minuto del día.

Charlie llega a casa un día con la excitante noticia de que Willy Wonka, el chocolatero que tiene una fábrica gigantesca en la ciudad y exporta a todo el mundo el más delicioso chocolate que paladar alguno soñaría degustar, ha anunciado que ha escondido en cinco chocolatinas, un billete dorado que dará acceso a visitar su fábrica a aquel que consiga uno de los billetes dorados.

La fábrica de Willy Wonka ha permanecido cerrada desde hace 15 años, cuando descubrió que sus trabajadores le espiaban y daban sus recetas a la competencia.

Los cinco afortunados poseedores de los billetes tendrán garantizado suministro suficiente de chocolate de por  vida. Charlie sueña con conseguir uno de los billetes, pero viviendo en la extrema pobreza en la que subsisten, será muy difícil conseguir dar con la tableta premiada, aunque su abuelo le dice que tiene las mismas posibilidades de conseguirla que cualquier otro ser humano.

Charlie recibe cada año como regalo de cumpleaños una tableta de chocolate y este año, tras comprarla y llevarla a casa, para abrirla en medio de toda su familia, como si fuera un ritual mágico Charlie va destapando el envoltorio lentamente, poco a poco, hasta que la desilusión se adueña de todos al ver que la tableta de Charlie no tiene el billete premiado.

Los noticiarios informan de las papeletas que van apareciendo por el mundo: una rica heredera, mimada y consentida por su padre que pone a todas sus trabajadoras a abrir tabletas y tabletas de chocolate que ha comprado para encontrar el billete dorado que ha prometido a su hija. Un glotón que come con tal avaricia, que no se dio cuenta de que había conseguido una papeleta hasta que notó que su tableta sabía raro y vio que había mordido y masticado parte de un billete dorado. Una niña competitiva que solo busca ser la que bate supere cualquier record, para sentirse por encima de sus compañeras. El cuarto es un niño que se pasa el día frente al televisor viendo películas violentas, que prácticamente no habla con sus padres, embebido por la pantalla. Ya sólo falta aparecer la última papeleta y la locura se adueña de la población. Las remesas de chocolatinas se subastan al mejor postor, hasta que casi milagrosamente, Charlie encuentra el último billete dorado.

Cada niño debe acudir a la fábrica acompañado de un familiar. El mismísimo Willy Wonka en medio de una gran expectación recibe personalmente a los niños y sus acompañantes, sirviéndoles de guía en un viaje por las  imaginativas salas de fabricación de las golosinas, con helados que nunca se derriten o caramelos de tres sabores que equivalen a tres platos de comida y postre. La curiosidad, egoísmo y mala educación de algunos niños que desoyen las advertencias de Willy Wonka, de que no toquen o coman determinados artículos, provoca   accidentes que van eliminando a los niños del viaje, desapareciendo por las distintas dependencias, sin saber qué será exactamente de ellos.

Como en los buenos cuentos, la historia tiene un componente trágico o terrible, cuando vemos desaparecer un niño en un lago de chocolate o a una niña cambiando el color de su piel a violeta, etc. sin dejarnos claro qué ocurre con ellos finalmente y aunque le preguntan a Wonka, el nunca aclara nada. Tiene sus momentos simpáticos, tiernos o terribles de forma, que en sus intervenciones, no sabemos a ciencia cierta qué papel juega. Fue algo que exigió el actor como explica en uno de los extyras del blu ray, un matiz que necesitaba para justificar su personaje obligando a que ya en su primera aparición en la historia, caminase cojeando apoyado en un bastón, para a los pocos segundos lanzar el bastón y dar una voltereta en el aire, como marcando la pauta de su personaje, advirtiendo al espectador que nunca podrá estar seguro de si habla y actua en serio o no.

Como todo buen cuento tiene su moraleja y su final feliz. Tiene una historia muy bien narrada, con sus dosis de intriga y humor que te atrapan desde el principio, haciéndote odiar a los niños que optan al premio, a todos menos Charlie. La película gustará a mayores y pequeños. La parte musical está bien integrada en la historia, con algunos temas más pegadizos que otros como el de los Oompa-loompa, los diminutos personajes que ayudan a Willy Wonka en su tarea o el de The candy man, aparte claro está de la perla de esta partitura que nos canta Gene Wilder en la película “Pure imagination” y ha conocido múltiples versiones fuera del escenario.

MÚSICA Y LETRAS: Leslie Bricusse & Anthony Newley

Existe el CD con la banda sonora de la película.

 

En cuanto el DVD y el Blu ray de la película de 1971, solo advertiré que en los DVDs aparecidos en España por un error, el audio que venía acreditado como español, con el diseño de la portada de la izquierda, era español latino y no sé si llegó a corregirse o no, mientras que en la edición en blu ray, diseño de la derecha, viene corregido el audio y subtitulos que van en español.

Y para los que quieran comparar esta versión con la de Tim Burton, que cuenta con muchos seguidores, también pueden encontrar el DVD o Blu ray de la misma.