VERANEANTES

Tras el enorme éxito de la temporada pasada con “La función por hacer”, todas las miradas estaban puestas en la nueva producción de Miguel del Arco y su adaptación de “Los veraneantes” de Máximo Gorki y lo curioso es que en un país como el nuestro, en el que un amplio sector de la población condena el éxito y más si es fuera de nuestras fronteras, por una vez parecen estar todos de acuerdo, en alabar esta nueva apuesta por la revisitación de un clásico, trayéndolo a nuestros días.

Desconozco la pieza original, lo cual me impide dar a conciencia todo el mérito que para mi merece Miguel del Arco, por trasladar tan coherentemente la acción de la Rusia de principio del siglo XX a la España de hoy, un siglo después. Otros cambios como condensar la acción de veinte personajes del texto original,  a once que hay en esta versión, además del guiño personal de llamar a cada personaje como el actor que lo interpreta, son desde mi punto de vista suficiente motivo, para aplicar a este director el calificativo de autor.

Este nuevo montaje tiene una puesta en escena tan minimalista a la par que estudiada, con unos personajes tan de hoy y un lenguaje en boca de unos actores excelentes, que consiguen  hacerte olvidar que estás en un teatro. Otra vez del Arco recurre al escenario a cuatro bandas, con el público tan encima de la acción, que casi se respira el olor del mar cercano en el que se desarrolla la trama.

Es verano y nos encontramos con once personajes reunidos en una tranquila villa costera, a la que han llegado para descansar de las tensiones acumuladas a lo largo del año. Allí, lejos del estrés diario, aflora su realidad de insatisfacción, hipocresía y engaño en la que viven, incapaces de cambiar, estallando al final sus individualidades en un enfrentamiento brutal de violencia física y verbal entre ellos.

Bárbara y Miquel son hermanos que a su manera sobreviven, una refugiada en sus libros y sus silencios, mientras que el otro vive un pasotismo total, incapaz como su hermana de rebelarse contra el entorno que trata de engullirlos. Son quizá los personajes más “puros” de la obra.

Por otro lado tenemos otros personajes más agresivos como Israel, el político esposo de Bárbara, Manuela la progresista convencida, Miriam la criada agobiada, Raúl y Elisabet el matrimonio autodestructivo, a la vez que otros aparentemente más tranquilos como la espiritual Lidia, Cristóbal el músico, Ernesto el escritor o Chema el tío de Raúl.

La obra arranca con el rumor lejano del mar y el canto de los grillos, terminando en medio de una bronca mayúscula, a la vez que se escucha a una de las intérpretes gritando: “Los veraneantes, llegan, lo ensucian todo y se van”, mientras se desploma el cielo sobre sus cabezas.

Toda esta vivencia intensa ha transcurrido en dos horas y media. En vivo, sin interrupciones, del tirón. Los cambios de acto han sido marcados con números musicales, que tienen la función de aliviar la tensión mutua acumulada, de público y actores. Sería injusto destacar la labor de algún actor sobre el resto, ya que es una obra coral y están todos perfectos en su papel.

Un lujo poder ver este plantel de actores tan bien dirigidos, viviendo un texto que presenta sin fisuras el desencanto de buena parte de la sociedad española actual.

ARGUMENTO: Máximo Gorki

ADAPTACION Y DIRECCION: Miguel del Arco

MÚSICA ORIGINAL: Arnau Vilá

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