ONE FROM THE HEART

Que Francis Ford Coppola era un director que terminaría rodando un musical era algo que no debería haber sorprendido a nadie. La importancia dramática y cinematográfica que tenía la música en su cine, en películas como “El padrino” o “Apocalypse now“, daba claros indicios de ello.

Si a eso se une su gusto reconocido por el teatro musical, del que realizó montajes en su época universitaria, y la formación musical y teatral recibida en sus primeros trabajos en el teatro, completada por su padre (Carmine, que además de compositor, dirigió espectáculos musicales), la cosa estaba clara. Más aún si tenemos en cuenta que uno de sus primeros trabajos fue “El valle del arco iris” (Finian’s rainbow), un “casi musical”, que recogía los últimos pasos de baile de Fred Astaire en cine.

La posibilidad le llegó al término de la promoción de “Apocalypse now”. Después de la violencia, el desgarro y la locura de la guerra, Coppola quiso preparar una historia amable, simple y sencilla y después de la experiencia del rodaje de “Apocalypse now”,  (con todos las dificultades de rodar en escenarios naturales, con los problemas conocidos de los tifones, destrucción de decorados, permisos, o el ataque al corazón de Martin Sheen), el director quería asumir una forma de hacer películas más sencilla, moderada y controlada. Para eso, pensó que lo mejor sería volver a rodar en estudios, con decorados en donde todo se pudiera controlar, al modo en que se hacía en los años cuarenta y cincuenta. Con estos parámetros, vio la posibilidad de realizar en estudio un “pequeño musical, un trabajo de estudiante de teatro”.

Y hasta aquí, todo bien. Pero tratándose de Francis Ford Coppola, la cosa no iba a ser tan sencilla y moderada. Como quería trabajar dando paso a los nuevos avances que ofrecía la electrónica y la televisión, no se conformó con trabajar en estudios, sino que adquirió uno propio. Así, en marzo de 1980 compró unos estudios abandonados en pleno centro de Hollywood, los Hollywood General. En la compra y modernización invirtió unos once millones de dólares. Y de Zoetrope Studios en San Francisco se pasó a American Zoetrope, en Los Ángeles.

Desde entonces y hasta febrero de 1982 se trabajó en la preparación y rodaje de una película que comenzó como una modesta producción y terminó arruinando al director. El resultado fue “Corazonada” (One from the Heart), un musical hipnótico y estilizado, que se adelantó veinticinco años a su tiempo, un derroche de imaginación, luz, fantasía, colores, teatro, bailes, brillo y fascinación como pocas veces se han dado en el cine. Una historia simple contada, a través de la música y la luz, del modo más complejo posible. Técnicamente, introdujo el uso de cromas en directo, avances en iluminación y sonido, y previó el lenguaje del video musical. Sin ir más lejos, Baz Luhrmann reconoce la influencia directa de “Corazonada” en su “Romeo y Julieta” y en su desmañado pero celebrado musical “Moulin Rouge”.

Coppola comenzó a partir de una sencilla historia de Armyan Bernstein, y situando el desarrollo en Las Vegas, se embarcó en la preparación de “una parábola musical sobre una pareja que está junta, se separa, cada uno tiene un affaire, y vuelven a estar juntos otra vez”. La simplicidad de la historia y su desarrollo casi naif contrastaría con la complejidad de la iluminación y la puesta en escena.

Dean Tavoularis (“El padrino”, “El padrino 2ª parte” y “Apocalypse now”) se hizo cargo del diseño de producción. El encargo era recrear Las Vegas en estudio: un barrio residencial, un trozo del aeropuerto, un motel, las afueras en el desierto, y sobre todo, las fachadas luminosas de los casinos de toda la calle Fremont, para la que se invirtió un millón de dólares en luces de neón, en paredes y suelo y para que toda la brillantez que debían aportar todas esas luces no se perdiera, la fotografía correría a cargo de Vittorio Storaro (“El último tango en París”, “Apocalypse now”).

De la partitura se haría cargo Tom Waits, que se convirtió a partir de entonces en amigo personal del director, apareciendo como actor en algunas de sus películas posteriores. Nueve canciones, con aires jazzisticos y blueseros, que interpretan el compositor mismo y Crystal Gayle, acompañando a los actores por su deambular físico y emocional a través de Las Vegas. Las dos parejas protagonistas ensayarían durante ocho semanas, tanto en el estudio como en las calles de Las Vegas y Gene Kelly supervisaría la coreografía de Kenny Ortega, protegido de Kelly. Aunque Kelly abandonaría el rodaje por desavenencias con Coppola, renegando de su trabajo, estuvo presente y atento en el rodaje de la escena del tango y la de la calle.

Para saborear este musical, es mejor no tratar de analizarlo, sino de dejarse llevar. Los títulos iniciales, surgiendo tras un telón, dejan claro el tono teatral de la historia desde el primer momento. La personalísima música de Waits siguiendo los pasos cruzados en la arena nos envuelve desde el principio. El cuidado diseño y la iluminación dan a toda la película un brillo muy especial: nunca hubo un Las Vegas más brillante y fascinador. Además, durante todo el metraje se resalta constantemente la psicología y emoción del color, algo muy del gusto de Storaro, que ilumina de manera cambiante e inmediata a los actores con colores primarios, según sus estados de ánimo.

Los actores (excepción hecha de una pequeña intervención de Raúl Julia, y el número “Little Boy Blue”, que está cantado por Nastassja Kinski) no interpretan las canciones. La música, siempre presente, ayuda a avanzar la trama y sirve como comentario de fondo a la historia. Según su director, son como Zeus y Hera con sus problemas amorosos, comentando los mismos problemas en los frágiles mortales. Esto no participa del concepto de musical al uso. Para aproximarlo a ese concepto, Coppola se centró más aún en una puesta en escena cercana a la imaginería del teatro musical.

Construye así la película con una concepción teatral. Utiliza larguísimos e imposibles planos secuencias que atraviesan paredes y ventanas, y que saltan de decorado, siguiendo a los personajes sin transición ni cortes. La idea era que la historia avanzara simultáneamente en dos decorados sin detener el rodaje ni tener que editarlo después. Cine en directo. Para conseguir este efecto en toda su amplitud se utilizaron técnicas teatrales combinadas con avances electrónicos. Los cambios de escena se realizaban con el uso de las bambalinas, telas pintadas que se convertían en opacas o trasparentes con la iluminación. La luz se controlaba desde unos paneles de luces electrónicos que permitía cambiar radicalmente la escena y la iluminación. Esto facilitó a los actores desarrollar ampliamente sus personajes a modo de interpretación teatral, y dota a la película de un aura brillante de fascinación onírica. Coppola aprovechó la maestría iluminativa y cinematográfica de Storaro para saturar los tonos primarios y  captar de manera exquisita el ambiente irreal de la festividad del cuatro de julio en Las Vegas y desde luego, el virtuosismo de Storaro y la imaginación, ambición y concepción artística de Coppola no se pueden poner en duda.

En cuanto a la interpretación, las ocho semanas de ensayo se notan de manera nítida. Los dos polos opuestos de la pareja están perfectamente asumidos por Teri Garr (Frannie, la pasión, el color rojo) y por Frederic Forrest (Hank, la tierra, el pragmatismo, el color verde) El “latin lover” asumido por Julia es la perfecta ensoñación de la fantasía de Frannie. Su aparición como reflejo en el escaparate de la agencia de viajes donde trabaja Frannie y el número del tango con Teri Garr (en donde canta brevemente y toca el piano) es de los momentos más destacables de la película.

Mención aparte merece Nastassja Kinski. La actriz, absolutamente comprometida con la película y la idea monumental de Coppola, preparó su personaje en todos los aspectos: ensayó coreografías que luego no se usaron, aprendió acrobacias con pañuelos y mazas, y caminó literalmente por el alambre, como se puede ver en la película. La belleza de su mirada y el magnetismo que emana su figura son perfectos para su personaje y Coppola saca todo el partido. A ella corresponden los momentos más destacados del musical: su aparición dentro de la copa de Martini quedó como imagen imborrable de la película, y el número de “Little Boy Blue”, interpretado por ella misma, es el que más se adelanta a su tiempo, avanzando lo que luego sería el lenguaje habitual del video musical.

Junto a estos, resulta obligado detenerse por su brillantez, espectacularidad y complejidad, en el número central en las calles de Las Vegas, el cruce de la calle Fremont. Está concebido abiertamente para transmitir alegría. Es la gran noche y la calle se llena de personajes exóticos que se mezclan con los bailarines y todos ellos acompañan a la pareja de Garr y Julia en unos planos donde se puede contemplar en toda su extensión los decorados de la concepción excesiva de Coppola y el magnífico trabajo de diseño de Tavoularis y resaltar, quizá por su originalidad y ensoñación, la escena de la orquesta de coches.

Como detalle curioso habría que comentar que, por expreso deseo de Coppola, la película está filmada en formato 1.33:1, en lugar del modo panorámico que era mucho más usado. El director prefirió este formato clásico (“Cantando bajo la lluvia”) porque de ese modo se pueden filmar con proximidad de cuerpo entero a los actores. Coppola quería que los números de baile cupiesen enteros en la pantalla, y los bailarines estuvieran cercanos. En otro formato, para ver los pies de los bailarines hubieran tenido que estar muy alejados y se perderían en el plano. El ya nombrado número del tango es un buen ejemplo de esto: está en plano secuencia general, y podemos ver a los actores próximos y de cuerpo entero, y podemos comprobar lo bien que bailan Raúl Julia y Teri Garr y en el desierto podemos comprobar cómo es Kinski la que camina por el alambre, sin trampa ni cartón.

Aunque tenía todos los ingredientes y fama para convertirse en un éxito, un cúmulo de malas críticas a raíz de las filtraciones a la prensa de un “pase ciego” (adelanto en bruto, sin pulir ni terminar de montar) preparado para la distribución, fue bajando las expectativas antes del estreno, tanto que la Paramount estuvo a punto de no distribuirla, y, de hecho se sacaron muy pocas copias a exhibición. Convencido de su película, Coppola alquiló el Radio City Music Hall para que el público la viera gratis y así opinara. Pero la concepción poco convencional de una puesta en escena tan arriesgada estaba herida de muerte, no fue demasiado bien recibida, y no tuvo buenas críticas.

Coppola, a pesar de arruinarse con esa decisión, prefirió retirarla de la circulación en Estados Unidos a las ocho semanas de su estreno. Se distribuyó por Europa con un poco más de éxito, pero no sirvió para cubrir los gastos ni las deudas generadas. Los estudios pasaron a manos de Jack Singer, un empresario canadiense que adelantó 8 millones de dólares durante el rodaje, y hoy día siguen en activo como estudios de televisión fundamentalmente. American Zoetrope volvió a ser Zoetrope Studios, en San Francisco, y los neones y pantallas de iluminación de “Corazonada” sirvieron para confeccionar los futuristas decorados de “Blade runner“. Después de ser editada en VHS en 1983, tras algún pase por televisión, la película desapareció de la circulación hasta su edición en DVD en 2004.

A pesar del poco éxito de crítica, el limitado recorrido comercial y la tibia aceptación, “Corazonada” se convirtió en una película de culto, buscada y regrabada en VHS y exhibida en círculos privados. Es además una de las películas más personales de Coppola y una de las más queridas por su director, y buena prueba de ellos es la cuidada edición en DVD. Compuesta de dos discos, la edición es de las que con más mimo ha tratado Coppola, ocupándose personalmente de su realización. Si se tiene en cuenta que las ediciones de la saga de “El padrino” son más exigencia de la Paramount, y dejando al lado las sucesivas ediciones de “Apocalypse now”, “Corazonada” es la edición en DVD más completa de una película de Coppola. Sin entrar en detalles técnicos, la calidad de transferencia de la imagen era fundamental para una película de estas características, y el resultado es prácticamente perfecto. Se puede apreciar en toda su plenitud la riqueza y colorido de la iluminación. Y del sonido cabe decir lo mismo.

En el primer disco está contenida la película, en formato 1.33:1, comentada por el director, con un nuevo montaje y con cierto metraje añadido. Básicamente se ha suprimido la escena del comienzo (que aparece en los extras) y se sustituye por una secuencia más larga de la escena siguiente; y se altera el orden de montaje del número musical central, recogiendo, a decir de Coppola, una sugerencia de Gene Kelly, que en su día no fue tenida en cuenta. Habiendo podido comparar las dos versiones (soy de los pocos que tiene el VHS) el cambio de la secuencia inicial no mejora sustancialmente el arranque, a pesar de las justificaciones de Coppola y el número central queda igual de válido, aunque probablemente Kelly tenía más razón, al culminarlo con el encuentro romántico ante el crucero de cartón. En general, sigue siendo la misma película, pero vista de un modo infinitamente más nítido. En la versión doblada, las canciones están subtituladas.

El segundo disco contiene una amplia colección de documentación (declaraciones, entrevistas, ruedas de prensa), escenas eliminadas y documentales. Sobre como se hizo, sobre el trabajo musical de Tom Waits, el cine electrónico… De entre todos ellos cabe destacar uno titulado “El estudio de los sueños” donde se recoge la compra y preparación de los estudios y su ruina posterior, donde se puede apreciar la determinación, la fuerza y el magnetismo personal de Francis Ford Coppola, que hasta consiguió que más de 150 operarios trabajaran casi una semana sin cobrar y otra a mitad de salario, antes de que Jack Singer aportara su dinero.

Como conclusión habría que decir que el tiempo ha hecho justicia con “Corazonada” y la ha colocado en su sitio. Vista hoy, es un amable cuento de hadas para adultos, envuelto en canciones, música, luz y baile. Sin ser una obra maestra, sí es un musical notable, muy agradable y sorprendente de ver si no se le pide lo que no tiene. Eso sí, resulta imprescindible su visionado para comprender la obra y el sueño de Coppola y para descubrir la importante influencia posterior.

MUSICA Y LETRAS: Tom Waits

 

Existe el CD con la banda sonora de canciones de la película y el DVD de doble disco con las canciones subtituladas en español.

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3 Respuestas

  1. Marco dice:

    Aunque escribo ésto 3 años después de que hayas escrito este artículo, creo que es importante -quién sabe quién estará leyendo ésto ahora, y además, queda grabado para la posteridad, al menos, mientras la página siga en pie.

    Estoy de acuerdo contigo en todo, salvo en una cosa: Corazonada es LA obra maestra de Coppola -herejía!-, no es que no haya que pedirle lo que no tiene, es que no tiene que tenerlo; es un maravilloso videoclip, con una historia sencilla, pero todo lo demás es apoteósico. No necesita guión, así de sencillo, es lo que tiene que ser, sin una escena de más ni de menos. El cine no es teatro. No es literatura. Es cine, y está todavía en su prehistoria como arte, no pidamos guión a lo que no necesita guión.

    Dentro de 50 años -o 500, tanto da- todo el mundo considerará Corazonada una de las grandes obras maestras de la historia del cine.

    Por cierto, me cago en Moulin Rouge, película pretenciosa, vacía e inútilmente barroca, como gran parte del cine actual, y que copia descaradamente los colores de Corazonada -porque lo demás jamás lo podría copiar nadie que no fuera Coppola.

  2. peroringo dice:

    Pues aunque haga tres años de que colgara el artículo (que me parecen muchos), agradezco mucho el comentario. Y me encanta encontrar fans de Corazonada. Que sea o no sea una obra maestra o LA obra maestra de Coppola siempre será cuestión de opinión. Es claro que con esa concepción de cine como arte propio Coppola se adelantó a su tiempo, y crea una narración única y novedosa, que se va revalorizando con el tiempo.
    Pero hoy día sigue siendo una película minoritaria. Si dentro de 50 o 500 años se valora más… nosotros la hemos apreciado y disfrutado en todo lo que vale ahora. Allá ellos los que no lo hayan sabido (o querido) hacer.
    Y en cuanto a Moulin Rouge, no es que sea una mala película comparada con Corazonada; es mala per se, con una narrativa torpe y desarticulada, y un reparto absolutamente desaprovechado.
    Nuevamente doy las gracias por el comentario. Es agradable comprobar que el números de lectores de la web crece, y que aun se leen los post antiguos.
    Y nada, a disfrutar viendo musicales, o películas de Coppola, o peliculas buenas, sean de quien sean.

  3. allwebber dice:

    Bueno el artículo se publicó el 26-09-2011, no son tres años sino año y medio, pero eso es lo de menos, lo bueno es que siga sirviendo a algunos para comentarlo y a otros, tal vez para descubrir la película.

    Peroringo ha escrito otros artículos en la página, no tantos, ni tan a menudo como yo quisiera, pero tan interesantes como este y recomiendo leerlos porque están muy trabajados, siempre en la sección de “El director y su película” escribió sobre “Victor Victoria”, “Across the Universe”, “Phantom of the Paradise” o “Everyone says I love you”.

    Saludos

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