EPÍLOGO

“Epílogo” como su título indica es el apéndice a un trabajo de investigación de Chema Cardeña, ahondando en el tema de la memoria, la justicia y la reparación, que le ha llevado diez años de estudio y trabajo para plasmarlo en cuatro obras teatrales. “Shakespeare en Berlín” estrenada en 2016, “La invasión de los bárbaros” le siguió en 2020 y “El perfume del tiempo” en 2022, cerrando con este “Epílogo” en 2026 la tetralogía que hace un repaso a nuestra historia a lo largo de los últimos cien años.

Chema Cardeña ha construido una dramaturgia tan ajustada y precisa, que asombra ver cómo con dos  actores es capaz de contarnos la historia de cuatro generaciones de una familia. Iria Marquez y Juan Carlos Garés dan vida a todos los personajes que se cruzan en esta historia. Comienza en New York en 2026 donde un adolescente, hijo de inmigrantes, va a conocer sus orígenes y cómo ha llegado hasta allí.

Iria Márquez y Juan Carlos Garés en “Epílogo”

Basada en la historia real de Lejah Zajac, joven judía nacida en 1926 en Polonia. Tras la invasión nazi en 1941 es aislada en el gueto de Varsovia, y en 1943 enviada a Auschwitz, donde milagrosamente pudo sobrevivir al holocausto. En 1945 emigró a Argentina en busca de una vida mejor. Allí  conocería a Eduardo, soldado republicano español que había huido a Buenos Aires, escapando de la dictadura franquista. Se casaron y tuvieron un hijo, que les fue arrebatado en 1976 por la dictadura de Videla. La historia de Lejah, sigue hasta nuestros días, siendo testigo de las guerras y desastres que no cesan.

La dramaturgia y dirección de Chema Cardeña es exquisita. Los actores entran y salen de los personajes ante nuestros ojos, sin apenas cambiar de aspecto físico, de una forma tan natural que asombra comprobar como el espectador no se pierde en ningún momento. Un escenario casi vacío y una pantalla al fondo, donde se proyectan imágenes para subrayar lo que está ocurriendo. El acompañamiento musical es muy sutil. Una guitarra acústica sugiere temas inmortales de la época. No necesita nada más.

Sobrecoge el silencio en la sala de un público hipnotizados por lo que se nos está contando. Con  esa frase que se repite varias veces: “¿Cómo pudo haber alguien que apoyase esta situación?”. Espero que esta obra se lleve por colegios y escuelas, para que el público juvenil, poco dado a acudir al teatro, conozca un poco de la historia y sepa que no es un cuento, ni una película. Es real y ahí está Lejah Zajac a punto de cumplir cien años, repitiéndonos que “un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro”.

Para terminar os dejo un video con los saludos finales de la función

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