NO WAY TO TREAT A LADY

William Goldman es un gran novelista americano al que le debemos entre muchas otras, nada menos que las historias de La princesa prometida (The princess bride, 1973) o Marathon Man (1974), pero también es un gran guionista que ha adaptado para la pantalla grandes historias, algunas de ellas le consiguieron un Oscar al mejor guión adaptado como las de Todos los hombres del Presidente (All the President’s Men, 1976) o Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969) y aunque su carrera está plagada de muchos otros éxitos, lo traemos a estas páginas porque también escribió la novela en 1964 que fue llevada al cine como Así no se trata a una dama (No way to treat a lady, 1968), que tuvo un éxito discreto en su momento.

El argumento nos presenta a Christopher Gill, asesino en serie (Rod Steiger), que obsesionado con su difunta madre que fue una gran actriz de la escena, tiene aterrorizada a la ciudad de New York con sus crímenes a señoras mayores, que en cierta forma le recuerdan a ella y cómo lo menospreciaba.

Gill establece una relación muy particular con el inspector Morris Brummell (George Segal) que lleva el caso, ya que le llama por teléfono para adelantarle pistas de sus “trabajos”.

El asesino va siempre por delante del detective y sabe dónde localizarle, al teléfono al que llamarle, de forma que la vida del inspector no tiene secretos para él, consiguiendo los teléfonos particulares de la novia (Lee Remick) del detective, o de la casa en la que éste vive con su madre.

El compositor Douglas J. Cohen hace una adaptación de esta película a un musical teatral con una maestría excepcional, consiguiendo combinar los personajes de forma que puedan ser interpretados por tan sólo cuatro actores, el inspector y su novia que interpretan sus papeles, enfrentados a otro actor que interpreta al asesino que se disfraza constantemente en escena adoptando diferentes acentos, para engañar a sus víctimas, si bien el papel bombón por excelencia se lo lleva la otra actriz que interpreta a las dos madres, (la del inspector y la del asesino), así como cada una de las diferentes víctimas que caen en manos del estrangulador.

El musical tiene más tintes de comedia que la película que es más “seria” por decirlo de algún modo, si bien el musical no pierde ni un ápice del dramatismo que requieren las escenas en las que hay luchas o asesinatos, pero la relación de cada uno de los protagonistas masculinos con sus madres castradoras, resultan sobre todo cómicas en lo que se refiere al inspector y dramáticas en lo concerniente al asesino. Otros momentos como la cena para que se conozcan la madre del inspector con su novia, son comedia pura.

El estudio de los personajes también es fácilmente reconocible puesto que Cohen ha agudizado los rasgos de cada uno, hasta hacer de ellos casi una caricatura, el detective tranquilo y tímido con las mujeres, la rubia despampanante, rica y sin tabúes, el asesino inteligente y retorcido, la madre manipuladora y autoritaria, están casi más cerca del personaje de cómic que de una historia de cine negro, pero curiosamente funcionan estupendamente haciendo que no nos angustiemos en ningún momento, para lo cual, el autor se vale de los momentos cómicos que intercala en la trama con verdadera sabiduría.

La obra finalmente se estrenó en New York en un teatro off Broadway y tuvo muy buenas críticas, incluso fue  nominada al Premio que concede la Outer Critics Circle al mejor revival de un musical y a Douglas J. Cohen se le dió el premio Richard Rodgers Development Grant que concede el American Academy and Institute of Arts and Letters, por este musical.

Lo sencillo de su montaje y lo contundente de la trama, han hecho de él una pieza apetecible para compañías  amateurs o con pocos recursos. Personalmente tuve la suerte de poder verla varias veces, en la adaptación que se hizo en catalán por parte de Silvia Sanfeliu, que se encargó así mismo de la dirección, mientras que de la parte musical asumió el papel Xavier Torras, formando un equipo con cuatro músicos que funcionaba estupendamente, con algún celebrado gag del que también era parte el grupo musical. Una lástima que no hayan trabajado en más cosas, porque realmente el resultado final era altamente competitivo.

El título original se cambió al estrenarla en Barcelona, con el consentimiento del autor, ya que se le explicó que la sociedad española en aquel momento estaba muy sensibilizada con el tema de los malos tratos y decidieron cambiar “tratar” por “matar”, quedando finalmente como “No son maneres de matar a una dona” (No son formas de matar a una mujer).

Los actores de la versión catalana que vi yo, porque hubo en algún momento algún cambio en el reparto, fueron Frank Capdet, como el inspector Morris Brummell, Ivan Labanda como el asesino Christopher Gill, Elvira Prado como Sarah Stone que quizá fue la única que tuvo algunos problemas vocales y una Mercé Martinez, para la que no hay adjetivos que califiquen esa actuación en la que sumaba y se multiplicaba, en cada una de sus intervenciones, cambiando de registro con una facilidad increíble, dando pequeños matices a cada uno de sus personajes, haciéndoseme difícil concebir la obra con otra que no fuese ella.

MÚSICA Y LETRAS: Douglas J. Cohen

 
Existe CD del reparto original con la New York Theatre Company. No existe grabación del musical, aunque la película salió en DVD pero solo está disponible en zona 1, si bien lleva audio y subtítulos sólo en inglés.

Y un par de videos para los que no pudisteis ver la obra en catalán, única versión estrenada en nuestro país:

El cómico momento en que la novia conquista a la madre del inspector, aliándose con ella, contra él

y otro de los momentos con los cuatro protagonistas

por último otro de los momentos “potentes” del musical con unos estupendos Ivan Labanda y Mercé Martinez

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