El Teatro Kabuki-za de Tokio y la caída del Castillo de Osaka

En el artículo anterior os introduje el ancestral teatro Kabuki japonés considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Un arte que despierta tanto interés como recelos en el mundo occidental, como ya comenté.

Con esas dudas fuimos al teatro Kabuki-za de Tokio. Situado en el exclusivo barrio de Ginza e inaugurado por primera vez en 1889, en plena era de la restauración Meiji, este teatro ha tenido varias vidas. Se reconstruyó sucesivamente tras un incendio, tras el gran terremoto de 1923, tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y, por último, en 2010, para minimizar los riesgos de derrumbe en caso de terremoto. Reinaugurado en 2013, el aspecto del actual apenas difiere del anterior en cuanto a estilo y aspecto externo.

Hicimos uso de un tipo de entrada especial que ofrece el Kabuki-za para aquellos que quieren hacer una primera toma de contacto. Una especie de “cata”, en lugar de comprar una entrada cara para una sesión completa que puede durar más de cuatro horas. Estas sesiones suelen constar de tres obras más pequeñas con algún número de danza. El sistema para estas entradas especiales son de venta el mismo día, en una ventanilla aparte, y una entrada por persona (nadie puede comprar más que una, y si el grupo es de más personas deben estar todas, imagino que para evitar que se renegocie con ellas para lucrarse con los turistas).

Cuando se completa el aforo para la primera obra, comienzan a venderlas para la siguiente, y así hasta completar la sesión del día. En este caso las entradas no tienen asiento numerado, sino que tienen un número de orden, mediante el cual nos harán entrar a la zona designada a la hora correspondiente. Así el primero que compre la entrada va a ser siempre el primero en entrar y en elegir asiento libremente, sistema que funciona a la perfección. Nosotros la compramos aproximadamente una hora y media antes de la función, y aún tenían para la primera obra, de la cual no teníamos ni idea, pero creo que tuvimos bastante suerte con ella.

entradas de un sólo acto

Hototogisu Kojô No Rakugetsu, traducido muy libremente como “La luna que desciende y la caída del Castillo de Osaka” es una obra de Tsubouchi Shôyô que consta de tres actos y seis escenas, estrenada en 1905. El autor fue uno de los primeros expertos en Kabuki moderno, y además fue el primer traductor de las obras de Shakespeare al japonés. Su interés por el teatro europeo son influencias notables en su trabajo, motivo por el cual en un principio sufrieron el rechazo de los aficionados más puristas, aunque más tarde se convirtió en un clásico. Al fin y al cabo el kabuki ha venido reflejando las tendencias de los tiempos, evolucionando hasta nuestros días y adaptando todo tipo de historias, desde argumentos policíacos de novelas contemporáneas a clásicos de otras culturas como el Mahabharata hindú que representaban en la función de la mañana, todo trasladado a su lenguaje y códigos estéticos.

antiguo cartel de la obra

Tradicionalmente hay tres tipos principales de obra en el kabuki: de corte histórico, historias domésticas o costumbristas, y piezas de danza. La nuestra era una pieza de tipo histórico que se desarrolla a finales del siglo XVI, tras la muerte de Toyotomi Hideyoshi, que había gobernado Japón tras ser el artífice de su unificación y reforma política. Hideyoshi había confiado al militar Tokugawa Ieyasu la protección y el apoyo a su hijo Hideyori hasta que este fuera lo suficientemente mayor para heredar el cargo. Sin embargo lejos de cumplir la promesa que hizo al gobernante en su lecho de muerte, pasó a tomar el control e inició una serie de batallas con el fin destruir el clan Toyotomi.

La acción nos sitúa en el interior del castillo durante el asedio. La noche va transcurriendo y el castillo está a punto de caer. La viuda de Hideyoshi y madre de Hideyori, llamada Lady Yodo, lidia con los sentimientos de rabia e impotencia hacia el usurpador, mientras que su orgullo y suspicacia la hacen sospechar de los tejemanejes de las damas del castillo, unas leales, y otras realmente conspirando para salvar el cuello cuando está casi todo perdido. Con ese panorama, la paranoia de Lady Yodo torna en locura, y su hijo se debate entre acabar con la vida de su madre para no caer en la deshonra y luchar hasta el final, o protegerla y aceptar un final funesto para su estirpe (no me preguntéis por qué esas dos eran las únicas opciones).

Si me preguntáis si yo entendí todo eso por mí misma, os digo que no. Afortunadamente otra de las peculiaridades del teatro Kabuki-za de Tokio es que alquilan unas pequeñas tabletas sincronizadas perfectamente con la obra en la que podemos leer simultáneamente en inglés todos los diálogos y narraciones contextuales de la acción. Este drama histórico muestra una notable influencia shakespeareana, con lo que tanto el ritmo de la acción y la construcción de personajes son llevados al terreno de la historia de Japón pero recuerdan tremendamente a los textos de reyes y conspiraciones palaciegas del Bardo, e incluso los expertos consideran a Lady Yodo como la Lady Macbeth japonesa. La tensión es patente en toda la obra y los diálogos son largos e intensos, encontrándonos a un personaje central fuerte, que parece luchar en solitario contra la corrupción de su alrededor y contra un fin que parece inevitable. Lady Yodo estuvo interpretada por Bandō Tamasaburō V, que con una dilatada carrera de sesenta años sobre las tablas, es el más celebrado onnagata del país hoy día, cosa que era palpable por el volumen de aplausos en cuanto apareció en escena.

Bando Tamasaburo hoy día

Debo decir que me sorprendí gratamente y salí mucho más contenta de lo que pensaba. La historia me mantuvo en vilo los 70 minutos que duró, y las interpretaciones, predominantemente femeninas, me cautivaron y se me hicieron muy creíbles a pesar de su estilo afectado al hablar. Incluso al salir comentamos que habíamos llegado a olvidar que eran hombres. La puesta en escena representando escenas de estancias de palacio y del patio del castillo era muy tradicional en su aspecto, pero sofisticada en su mecanismo, lleno de partes móviles que permitían cambiar de escena en segundos con un resultado muy dinámico.

¿Recomiendo la experiencia? Pues sí, sin duda, aunque tiene sus factores a tener en cuenta. No olvidemos que es teatro muy clásico, e incluso el lenguaje es muy arcaico, aunque eso no afecte particularmente a los que no saben japonés, y como nota curiosa diré que incluso alquilaban guías electrónicas en japonés para facilitar la comprensión a los aficionados autóctonos. Esto quiere decir que hay que animarse a perderle el miedo, pero hay gente a la que no le gusta el teatro clásico europeo y se le hace muy cuesta arriba, y tampoco es fácil para el público de hoy día entender castellano antiguo o el inglés isabelino. Así que si no te va eso, probablemente tampoco esto.

Bando Tamasaburo durante unos ensayos

Por otra parte, como comentaba, tuvimos suerte, no solo con el protagonista, sino con la obra, ya que era una obra “moderna”, más parecida en muchos aspectos al teatro al que estamos habituados. También había bastante diálogo, y los subtítulos en inglés van rápido, así que si no se tiene buen nivel no cabe esperarse captar lo que se está hablando. Sin embargo, el bajo precio de esta entrada especial (entre los 1200 y 1600 yenes) y la corta duración de las piezas hacen que merezca la pena el riesgo y atreverse a experimentar una de las artes escénicas más antiguas del mundo, ya que siempre hay sensaciones que se transmiten y nunca te vas de vacío.

Ebizo Ichikawa XI lo explica perfectamente en este vídeo.

Con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos  de 2020 en Tokio, el Kabuki ha protagonizado la iniciativa “One Team Project”, con el fin de recuperar y mostrar la identidad japonesa en su multitud de vertientes creativas, así como convertir el encuentro deportivo por antonomasia en un gran festival de la multiculturalidad con la siguiente consigna: “Debemos abrazar las ideas del otro, compartir las alabanzas de la diversidad, respetarnos como somos, y unir nuestros corazones como uno solo”, algo muy necesario en nuestros días. (El siguiente video tiene subtítulos en inglés)

Dicen que todas las modas vuelven. Ojalá el Kabuki sea una de ellas.

Información sobre la cartelera y el sistema de compra de entradas:
https://www.kabukiweb.net/news/kabukiza/

Documental didáctico sobre el Kabuki producido por la cadena NHK.

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2 Respuestas

  1. Geno dice:

    Apuntar en mi lista de “cosas que hacer si voy algún día a Japón”, me parece de lo más interesante y peculiar

    • allwebber dice:

      Una vez allí, sería una lástima no verlo. Además hay diferentes tipos, unas piezas son más clásicas, otras son como danzas antíguas…. en fin, una experiencia difícil de ver en otro país.

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