Hemos visto la obra de HARRY POTTER y nos ha gustado

Rara vez las obras de texto duran tanto tiempo seguido en cartel, pero la afición y el interés por Harry Potter no ha decrecido a pesar de que hace casi once años que se publicó la última novela, y siete de la última película. Siguen corriendo ríos de tinta (o debería decir de bytes) sobre las tramas, subtramas, conexiones, teorías, y sobre el presente, pasado y futuro de los personajes. Mal que a algunos les pese, el mundo de magos y muggles creado por J.K. Rowling vino para quedarse y es ya todo un clásico moderno.

Dicho esto, desde mi potterianismo estaba convencida de que Harry Potter and the Cursed Child no sería algo efímero, como así también lo auguraban las ventas anticipadas de entradas, así que no me preocupó quedarme en la estacada en mi cola virtual cada vez que se ha lanzado un nuevo paquete de butacas a la venta,  y por eso mismo tampoco leí (aunque lo tengo desde el primer día) el libro que se publicó con el guión de la obra. Todo por no destriparme a mí misma nada del argumento, porque al fin y al cabo una obra está concebida para ser vista en un escenario. Y finalmente mi momento llegó casi año y medio después del estreno de la obra en el Palace Theatre de Londres.

Los Malfoy

Por suerte, el sistema de venta de entradas devueltas por la web oficial funciona estupendamente,  y la disponibilidad es  aceptable a pesar de que a menudo sean asientos sueltos y separados, habiendo para casi todas las funciones. Las estrictas normas de recogida de localidades en taquilla dificultan en cierto grado la reventa, y eso favorece el acceso a una ansiada entrada amarilla, o dos mejor dicho, ya que son dos partes consecutivas.

Se pide encarecidamente no revelar detalles del argumento o de las cosas que se vean allí, y así no estropear el factor sorpresa, porque sorpresas en la obra hay unas cuantas, así que no revelaré nada y trataré de hacer honor al lema “Keep the secret”. Tan en serio se toman esto, que quise comprar un programa de coleccionista al llegar al teatro, y me dijeron amablemente que me lo venderían cuando fuera a la segunda parte unas horas más tarde, porque estaba lleno de “spoilers”, y doy fe de que la sorpresa me la llevé nada más regresar al teatro.

Los Weasley

La historia tiene comienzo 19 años después de la muerte de Voldemort, justo en el epílogo del último libro en el que, como la mayoría sabe, el trío protagonista despide a sus vástagos al comienzo de un nuevo curso en Hogwarts, y por tanto nos apartamos ligeramente de nuestros personajes originales para acercarnos a la nueva generación. Una generación diferente, pero indudablemente marcada por el pasado y por sus propios padres, como la vida misma.

Rowling compone un argumento que nos resulta familiar, no por repetido, sino por transmitirnos las mismas sensaciones que aquellos siete libros. Jamás las películas sobre el mago, por muy bien que trasladaran la historia y los personajes a la pantalla, lograron revivir el Hogwarts de las páginas de mi libro. Harry Potter and the Cursed Child lo hace. Y no puedo hablar de la percepción que tuvieron los que leyeron el libro, que obviamente echaron de menos la narración evocadora y firme de la escritora, ya que no olvidemos que se trata de un libreto teatral, género con un lenguaje y claves muy diferentes a la heptalogía primigenia, motivo por el cual contó con la experta colaboración de John Tiffany y Jack Thorne. Un libreto debe cobrar vida, y doy fe de que lo hace con buen tino.

Los Potter

La larga duración de la obra al completo, casi cinco horas, no es casualidad. La profundidad psicológica de los personajes y el amplio desarrollo de los valores y las relaciones humanas que caracterizaron el trabajo de J.K. Rowling y que tanto eché de menos en las películas, vuelven a estar ahí, y no resultan superfluos. No solo ayudan a comprender la trama, sino que se consolidan como un argumento paralelo tanto o más importante que la aventura central.  En ese aspecto, ahonda de nuevo en temas universales como la amistad, las relaciones paternofiliales, los sentimientos de pertenencia y los prejuicios, jugando con la dualidad de los personajes y con la estrecha relación entre el bien y el mal. También entreabre puertas a algunas incógnitas y teorías  de las muchas planteadas y debatidas entre los lectores con varios “¿y si…?”

La aventura en sí misma tarda algo en llegar, pero cuando llega ya hemos hecho nuestros a los personajes y nos enganchamos irremediablemente a la acción, que culmina al término de la primera parte con un poderoso cliffhanger que abre el apetito para una segunda parte llena de acontecimientos. El desenlace final me parece correcto, y no deja de ser muy disfrutable, sin embargo no resulta tan impactante como el que precede al intermedio, y me resultó algo precipitado teniendo en cuenta la complejidad previa.

La historia se apoya muy eficazmente en un diseño de producción innovador y totalmente envolvente que mete literalmente al público en la obra, y que se tradujo el pasado año en unos merecidos premios Olivier a mejor escenografía, diseño de luces y de sonido.

La interpretación visual que hace del universo de la saga literaria se desmarca casi por completo de la saga fílmica, algo que ha causado quejas entre algunos sectores de fans, pero que personalmente no solo no me molesta sino que me resulta refrescante.

El uso de proyecciones, trucos de magia y otros efectos visuales y elementos me dejaron boquiabierta en varias ocasiones, porque además mi asiento estaba en una posición privilegiada para poder ver el fondo del escenario, el suelo y todos los flancos, y aún me estoy preguntando cómo hicieron algunas cosas. Además, quien conozca el Palace Theatre de Londres sabrá que su arquitectura, sus pasillos y sus escaleras de mármol son ideales para recrear una especie de primo hermano de la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería.

El reparto original ya dejó la producción, para embarcarse próximamente en la que se estrenará en Broadway la próxima primavera, siendo reemplazados en los papeles principales por Jamie Glover (Harry Potter), Rakie Ayola (Hermione), Thomas Aldridge (Ron), James Howard (Draco), Emma Lowndes (Ginny), Theo Ancient (Albus Severus) y Samuel Blenkin (Scorpius). Siendo una obra casi coral, destacan estos dos últimos jóvenes actores, que llevan buena parte del peso y tiempo en escena con bastante solvencia.

En resumen, es una obra que podrá disfrutar cualquiera, tenga la edad que tenga, pero para la que sin embargo recomiendo estar familiarizado con detalles de los libros originales para aportar un contexto, además de tener un nivel aceptable de inglés (o haber leído el libro en su defecto) para seguir los giros de la trama y las muchas escenas de diálogo.

Y no lo olviden: Keep the secret.

Termino con  algunos videos promocionales de la obra

También te podría gustar...

5 Respuestas

  1. Geno dice:

    A mi el libro me gustó mucho y me encantaría ver la obra aunque eso ya lo veo más complicado… pero nunca se sabe jajajaja

    • allwebber dice:

      Ánimo que tu tienes Londres muy cerca. En cuanto menos lo pensemos nos liamos la manta a la cabeza y nos plantamos en el Palace Theatre. Que no se descuiden en Hogwarts que en cualquier momento aparecemos con nuestras escobas dispuestos a participar en una partida de Quidditch

  2. Mia dice:

    Un pequeño apunte (aunque bastante importante):

    El trabajo de Rowling en la dramaturgia fue escaso, por no decir nulo. La propia J.K. ha contado en repetidas veces que a ella se le planteó el argumento de la obra. Ni lo concibió ni lo escribió ella. A pesar de ello, reconoció sentirse muy atraída por el planteamiento de John Tiffany y Jack Thorne (los autores del libreto de “Once”) así que les dio el visto bueno y los asesoró en varios puntos.

    Ella misma llegó a contar que la reunión para hablar de la obra fue en la cafetería del teatro donde ella comenzó a desarrollar el universo de Harry Potter años atrás.

    Sin embargo, y sin querer caer en spoiler, a mi no me deja de parecer un gran fanfiction donde, aunque la puesta en escena es brutal y los personajes están escritos con mucha humanidad y concordancia, se nota la falta de Rowling en la concepción general del argumento. La lógica narrativa que la autora presentaba en cada novela desaparece para ofrecer el “más difícil todavía” y las emociones y trifulcas se aceleran para dar sensación de avance. El desarrollo de personajes que ocurría a lo largo de 7 novelas, aquí tiene lugar en un día completo de teatro (dos funciones y un libreto dividido). Para prueba, el precipitado final que le hace a un plantearse cuan fácil parece todo y el poco partido que se le saca a YaSabéisQuien.

    Toda la trama de este y cierto personaje femenino se vuelve pueril, confusa y la aceptamos sin más aunque, realmente, traiga más dudas consigo cuanto más lo piensas.

    Me parece muy bien el acercamiento del universo Potteriano a las tablas y es cierto que el equipo técnico y actoral hacen un trabajo brillante (todo el espacio y la pieza rezuman magia), pero no diría que es esa pieza redonda o ese broche para el universo de Harry Potter que muchos ven. Creo tanto Tiffany como Thorne se han dejado llevar queriendo abarcar mucho y se ha quedado, en lo que argumento se refiere, en un barbutillo que no dista mucho de todas las historias escritas por fans que se pueden leer por internet.

    Aunque Rowling le dio el visto bueno y su nombre aparece en grande tanto en los carteles como en la edición impresa de la obra, no puedo más que lamentar que ella no hubiese tenido más control sobre la pieza y que no hubiese desarrollado un nuevo argumento basándose en su propia percepción del universo.

    De hecho, esto no es la primera vez que pasa: obras como el manga de “Dragon Ball GT” fueron, realidad, publicadas por un estudio pirata chino y los japoneses compraron la obra para producirla y emitirla ellos dentro del canon oficial de la serie.

    A mi, personalmente, “El legado maldito” me ha dejado exactamente esa misma sensación: es algo que podría ocurrir en ese universo pero, por alguna razón (técnica o de desarrollo), no me parece que sea así.

  3. Elphaba dice:

    Sin querer entrar en detalles, es precisamente la resolución de la trama de ese personaje la que me afloja el conjunto, totalmente de acuerdo. Me parece atropellado, cuando creo que sería un buen hilo, sobre todo teniendo en cuenta que es lo que le da nombre al metafórico título y emblema. Y hasta ahí podemos leer :).
    Por lo demás, no puedo decir quién aportó cuánto en el libreto. Está claro que es un spin off, y la saga de Harry son sus 7 libros que concluyen donde concluyen, pero del mismo modo que hay unas pelis de Animales Fantásticos, está esta obra. Ella lo considera una historia oficial y ha formado parte del proceso desde años antes del resultado final, así que no es como si le hubieran vendido un producto terminado y ella pusiera el nombre, y no sé por qué es un fan fiction justo por este mismo motivo, no vamos a decidir más en esto que la propia autora, independiente de lo mucho o poco que nos guste el resultado.
    Como ya he comentado antes, es un género muy distinto, y es imposible que encontremos ciertas cosas que forman parte de su sello en las novelas, empezando por el grado de desarrollo. Si desarrolla la obra en siete partes y tengo que estar una semana en la butaca me corto las venas jajaja. No me parece una obra perfecta ni una obra maestra en cuanto a texto se refiere, y desde luego nada será como las novelas, pero sí ha superado mis expectativas y creo que está a una altura más que digna, y a mí sí me dio la sensación de estar totalmente metida en su universo, cosa de la que no esperaba tanto.
    Por cierto, solo John TIffany estuvo implicado en el musical Once, y como director, no como autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *