LA LENGUA MADRE

Tuve la suerte de asistir a la rueda de prensa que dieron al alimón en el Teatro TALIA de Valencia, Juan José Millás y Juan Diego, autor y actor de esta pieza, que escapa de ser definida con una palabra que le haga justicia. Juan José Millás explicó que el texto original de “LA LENGUA MADRE”, fue una conferencia que había dado en diferentes ocasiones y siempre le extrañaba ver la inusual reacción de risas y aplausos que provocaba en el público, que le hizo cuestionarse si en aquel texto habría más un germen teatral, que de discurso.

Tras una serie de avatares consiguió hacer llegar el texto a Juan Diego, que le llamó enseguida para decirle que tras toda una vida dedicada a la interpretación, quería hacerse un regalo con esta obra y se colaboró con el autor y el director Emilio Hernández, en reescribir y darle una forma teatral, en la que todos se sintieran cómodos, sin prisa, sin fecha prevista de estreno y así viajaron mimando el texto y escuchando sugerencias de cada una de las partes, hasta que después de varios años, cuando pensaron que estaba a punto para el escenario, tuvieron la ocasión de estrenarla en una función a beneficio de los enfermos de ictus sobrevenido de Villalba y allí fueron conscientes de la reacción del público ante aquella obra.

la_lengua_madre_013Dicho esto, sólo me queda añadir que siempre me interesó muchísimo el tema del lenguaje como medio de comunicación y he admirado a los buenos escritores de diálogos directos, como puedan ser desde Joseph Leo Mankiewicz en cine, Ana Diosdado en sus series televisivas o Jordi Galcerán en teatro, construyendo ese lenguaje tan cercano, nuestro y creíble, con el que te identificas enseguida y entras en la historia, incluso me interesé por técnicas de comunicación como la Programación Neuro-Linguística que estudia y analiza las claves del lenguaje y su resultado en quien las escucha, por todo lo cual simplemente diré que el texto de Juan José Millas, me parece un trabajo excelente que sabe decir lo que quiere y sabiamente llega al espectador, con el mensaje que cargado de emoción, cala en la audiencia.

Me queda para terminar descubrirme ante Juan Diego, actor inmenso donde los haya, que sabe dejarse poseer por ese tierno, afable y cercano profesor, que nos va desvelando con esa mezcla de ingenuidad e inteligencia, sus confusiones y contradicciones desde su más tierna infancia, que le provocaron toda suerte de malentendidos, y que ahora de mayor sigue confundido al ver como ultrajan esa lengua, la lengua madre, la que como él dice es nuestro Patrimonio, porque la hemos construido entre todos y ahora están creando palabras confusas de significados opuestos, ante las que nuestro profesor se rebela contra esos “mercados” que han conseguido que “democracia”, “sanidad pública”, “educación pública” o “justicia” hayan perdido su significado.

la_lengua_madre_02Una hora y cuarto que invita a pensar, sin pretender dar lecciones, poniendo los puntos sobre las íes de una forma aparentemente sencilla y directa, detrás de la que hay un trabajo de metamorfosis de un actor que sabe entregarse con generosidad a su personaje, con tal intensidad que hasta cuando sale a saludar sigue caminando como el viejo profesor y no será hasta la segunda o tercera salida a escena requerido por los aplausos, que podrá despojarse del personaje y mostrarnos al vigoroso actor de 70 años, que disfruta con su trabajo y que nos ha hecho callar al final para decirnos en voz baja: “Recuerden que a pesar de todo, siempre nos quedará…..” y el público hemos respondido “la palabra”.

TEXTO: Juan José Millás

Reportaje en video de la 2 de TVE cuando se representó la obra en el Teatro Español de Madrid

Permitidme terminar con el poema de Blas de Otero que musicó Manolo Díaz y cantaron el grupo Aguaviva allá por el año 1971, adjunto video con la canción

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

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