VICTOR O VICTORIA
Nuevas Crónicas 0 CommentsDirectores de cine: BLAKE EDWARDS

Director, productor y guionista estadounidense, es uno de los grandes de la segunda generación de clásicos del cine americano. Relacionado habitualmente con la comedia, ha rodado sin embargo películas de casi todos los géneros, demostrando su maestría: dramas de alcoholismo en Días de vino y rosas (Days Of Wine And Roses, 1962), western en Dos hombres contra el oeste (Wild Rovers, 1971), thriller en Chantaje contra una mujer (Experiment In Terror, 1962) o Diagnostico asesinato (The Carey Treatment, 1972), romance y espionaje en La semilla del tamarindo (The Tamarind Seed, 1974).
Pero es efectivamente en la comedia, desde la romántica a la más disparatada, donde sus destrezas han alcanzado sus más altas cotas: juego de identidades, esplendidos personajes secundarios, amor y buenas intenciones: Desayuno con diamantes (Breakfast At Tiffany’s, 1962), El guateque (The party, 1968), 10, la mujer perfecta (10, 1979). Es además el creador de un personaje recientemente recuperado para el cine, con menos estilo y menos éxito: el Inspector Clouseau, en la saga de La Pantera Rosa (The pink panther).
Su musical: VICTOR O VICTORIA

Cuando se asiste a la contemplación de Víctor o Victoria (Victor Victoria, 1982) y se trata de situar en la trayectoria de su director, se comprueba que comparte características de sus comedias, con sus personaje torpones y sus slapstick, pero que pertenece sobre todo a la vertiente más elegante, menos física o visual, y más refinada y sutil, en la línea de Desayuno con diamantes. Examinando con atención las historias de amor, la cuidada puesta en escena, la iluminación, la importancia de personajes secundarios y el trato calido que reciben, se concluye fácilmente que se trata de una muestra brillante de un género cada vez menos frecuente: la comedia sentimental, o mejor aún, la comedia sofisticada. Si además se cuenta con uno de los mejores trabajos musicales de Henry Mancini ante el desafío de construir un musical, y con números musicales con aliento de gran espectáculo, se llega a la conclusión de que ante lo que se está en realidad es ante una obra maestra del cine. Ya sea comedia o musical. O comedia musical.
Blake Edwards conoció al compositor Henry Mancini en los estudios Universal alrededor de 1957. Los unieron en un típico producto de estudio, La pícara edad (This Happy Feeling, 1958). A partir de ahí, y hasta la última película de Edwards en 1993, y aun después, formaron una de las relaciones director-compositor más fructíferas de la historia del cine. Para Mancini las películas de Edwards casi siempre supusieron nuevos retos, nuevos giros o nuevas aportaciones, desde los aires de jazz latino de Mr Lucky (1959), pasando por los temas jazzisticos más oscuros de Peter Gunn (1958), hasta la introducción del pop como inspiración de la banda sonora en Una rubia muy dudosa (Switch, 1991), sin olvidar temas que por ser popularísimos hacen dejar de lado su calidad: El tema de la Pantera Rosa o el conocido como Tema del Inspector Clouseau (titulado en realidad “A Shot In The Dark”).

Pero hasta 1970, con la preparación de Darling Lili, no se le había planteado al compositor enfrentase a canciones que narrarían la historia, que serían interpretadas como parte de la película, no sólo como banda sonara de background. Mancini había compuesto canciones para películas de Edwards y ganado Oscars por ellas (“Moon River” en Desayuno con diamantes, “Days Of Wine and Roses”) pero con Darling Lili se abordaba la idea de acercarse, siquiera tangencialmente, al musical. Los problemas que Blake Edwards tuvo con los productores y el tibio recibimiento de la película hicieron que el director se exiliara a Inglaterra, ganara fama de director difícil y extravagante, y abandonase la idea del musical en favor de tres películas más de la saga de la Pantera Rosa. La posterior recuperación creativa y musical de 10, La mujer perfecta favoreció que la idea de un musical renaciera.
Blake Edwards, a través de un agente conocido de Billy Wilder, tenía comprados los derechos de una película alemana de 1933, llamada Viktor und Viktoria, dirigida por Reinhold Schünzel, sobre una cantante berlinesa de cabaret que vestida de hombre es descubierta por un agente, que de hecho piensa que es un hombre. Reinhold Schünzel fue guionista, director y actor alemán, desde la última época del mudo hasta terminar su carrera como actor de reparto y director en 1954, a caballo entre Estados Unidos y Alemania. A decir de Blake Edwards, es también el director de la película que le dio la idea a Billy Wilder para Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1955). El caso es que una historia de equívocos de identidad sexual se ajustaba perfectamente al gusto y estilo de Edwards, que vio en esta historia un excelente personaje para su mujer, Julie Andrews. Además, revisar esta película le brindaba la oportunidad de desarrollar en mayor profundidad temas sólo apuntados en 1933. Así los equívocos sobre identidad sexual se extenderían a las confusiones y las indecisiones sociales sobre la homosexualidad, al sustituir al agente por el personaje de Toddy, y hacer que un gangster de Chicago se enamore de Víctor, sin saber que es Victoria.

Determinado a realizar la película, la primera decisión acertada que toma Edwards es mantener la acción en la misma época, pero cambiando el Berlín original por París. Explica que París es más fotogénico, pero quizá quiso centrarse en el aspecto más romántico y entrañable de la historia en lugar del ligeramente sórdido que podría tener, y teniendo en cuenta la imagen de los precedentes cinematográficos (el más reciente, Cabaret de Bob Fosse en 1972) se decanta por Paris. Y después de buscar localizaciones, encuentra que es más fácil, más cómodo, y mejor para la película, construir un París en los estudios Pinewood de Londres. Eso le iba a permitir controlar mucho más la luz, la coloración invernal azulada de los exteriores, frente a la calidez y el colorido rojizo y ocre de los interiores, y planificar determinadas secuencias que en localizaciones reales se complicarían sobre manera.
A estas alturas, Edwards tiene la historia, tiene la estrella (Andrews) y tiene un elegante Paris en los años 30 en estudio. Y ya que Andrews interpreta a una cantante, que va a tener que cantar en pantalla… ¿por qué no hacer un musical? De hecho, la película de Schünzel (de la que se habia rodado una versión francesa en 1934, Georges et Georgette, dirigida por Roger Le Bon) tuvo una adaptación musical inglesa en 1935 (First a Girl, Victor Saville) de mucho éxito, aunque ahora olvidada. La apuesta sería arriesgada porque el género no vive precisamente su mejor momento: Broadway está en plena crisis, y el género cinematográfico se da por agotado, después de una década dubitativa. Los últimos musicales recordados son Hair (Milos Forman, 1979) y Grease (Randal Kleiser, 1978); el género estaba cambiando: a pesar de que en el año de producción de Víctor o Victoria se realizaría también una encorsetada versión de Annie a cargo de John Huston, las películas musicales de 1982 fueron la ya referida en estas páginas Corazonada (One From The Heart), empeño personal de Coppola, y El muro (Pink Floyd The Wall) de Alan Parker, y estaba en preproducción Yentl, vehículo personal para el lucimiento de Barbra Streisand. El musical clásico como hasta entonces se entendía no pasaba por su mejor momento. El género estaba evolucionando.

Así pues, como productor, la idea de musical es algo difícil de vender ese año, y el concepto que Blake Edwards termina de concebir se queda a medio camino. Aunque toda la banda sonora tiene concepción de avanzar y añadir información a la trama, los números musicales propiamente dichos siempre serían números representados en un escenario. Sin embargo, esto no es inconveniente para poder considerarlo un musical, ni para poder valorarlo en toda su grandeza. En palabras de Mancini: “un film que pienso que es uno de los más perfectos que jamás he hecho”. Cuando Edwards le comunica a Mancini su idea, y la empresa que tiene que afrontar, el compositor se muestra especialmente ilusionado: “Víctor o Victoria contenía todo para lo que me había preparado: tenía que ver con escribir canciones, tenía que ver con la banda sonora, y tenía que ver con la música incidental en la pantalla.”
Para afrontar el trabajo, Henry Mancini recurre al letrista Leslie Bricusse, con el que ya había trabajado en Dos en la carretera (Two For The Road, Stanley Donen, 1967). Con una larga experiencia como letrista, y con experiencia en Broadway, Bricusse aportaría el aliento del teatro musical, del que es un gran apasionado. A decir de Mancini, Bricusse posee un conocimiento enciclopédico del musical americano, y el compositor disfrutó mucho del trabajo del letrista. Las canciones surgidas para la banda sonora tienen efectivamente el aliento del mejor musical clásico americano.
Con este arranque, Edwards ya tenía los mimbres para su película. De la fotografía se haría cargo Dick Bush, director de fotografía británico que había impresionado a Edwards por su trabajo en Yanquis (Yanks, John Schlesinger, 1979), y para la decoración y el diseño de producción reunió a un equipo importante, William Craig Smith, con el que ya había trabajado en S.O.B. (1981) y a Tim Hutchinson, que venía de ser el director artístico de la superproducción británica Excalibur (John Boorman, 1981).
La primera elección para el reparto, después de Julie Andrews, fue Robert Preston para el personaje de Toddy. El hecho de que interpretara a un homosexual, y que tuviera que cantar no fue ningún problema para el antiguo galán de películas de acción que ya había cantado en pantalla en Vivir de ilusión (The Music Man, 1962), y se mostró encantado con el ofrecimiento, aceptando el trabajo sin dudar. James Garner tampoco puso muchos peros, a pesar de que su personaje apareciera bien entrada ya la película, situación no habitual para un actor de su categoría. El resto del reparto lo completaría con actores habituales de televisión, que dieron una franca soltura a los distintos polos de la historia: Leslie Ann Warren y Alex Karras. Todavía tuvo espacio para poder contar con Graham Stark, un amigo personal de Peter Seller, que había trabajado junto con Seller a las órdenes de Edwards en alguna película de la saga de la Pantera Rosa.
La conjunción de todos estos factores da como consecuencia una película brillante, divertida, elegante y viva sobre el tema de la identidad personal, el no importar quien o que eres, sino a quien tienes, si te quieren, si tienes amigos y si eres feliz. El tema de fondo sobre el que pivota toda la película, la homosexualidad, contenido difícilmente tratado con soltura en Hollywood hasta entonces (y aun después), recibe en esta película un tono sincero, descargado de dramatismo y huyendo de tópicos. El tono elegante de toda la producción, logrado por el cuidado guión, pero también por la ambientación, el interiorismo y la fotografía, hace que algún chiste de trazo grueso (que desde luego funcionan y son muy divertidos) sea absorbido por la película sin desmerecer del resultado final. Además el experto manejo que Edwards hace de los personajes de reparto (el detective que sigue a Victoria, el dueño del night club donde trabajaba Toddy, el empresario Cassell, interpretado por John Rhys-Davies, el camarero interpretado por Graham Stark), descongestiona en varias líneas de acción la trama, y hace que la película no se centre excesivamente como para ser considerada una pesada película de tesis. Todos forman un tejido de comedia sofisticada donde se mueven los personajes principales entre el amor, la fidelidad, la amistad y el engaño.

Mención aparte merece la banda sonora. La película está concebida como un musical, a pesar de lo ya expuesto sobre los números musicales. Henry Mancini concibe una banda sonora tan eficaz en las canciones como en los temas instrumentales. Tanto, que el sonido transporta de manera sencilla al espectador desde el principio a la época de la película, y hace asumir con facilidad los estados de ánimos de los protagonistas; tanto, que convierte en musical escenas no cantadas: hay secuencias completas incomprensibles si no son acompañadas de la música de Mancini, y otras que funcionan precisamente por lo contrario, la ausencia total de música o sonido. El tema “Cat and Mouse” acompaña una secuencia completa al más puro estilo de comedia de enredo de cine clásico (la sombra de Lubitsch) de intercambio de habitaciones, enredos, espionajes y descubrimientos, que difícilmente tendría el mismo efecto sin ese tema musical. Tan es así, que en la posterior adaptación de la película para los escenarios de Broadway, se mantiene el tema y la secuencia, y resultó ser uno de los números más aplaudidos y recordados de la producción. En el otro sentido, una de los momentos que Blake Edwards lamenta no haber podido trasladar al teatro por su potencia visual es el desenlace de la secuencia de la cucaracha en el restaurante, el plano general, desde fuera y sin sonido, donde todos los comensales comienzan a agitarse alarmados.
Pero hay más detalles: los créditos art decó, con el fondo de la versión instrumental de “Crazy World”, que luego interpretará Julie Andrews en el momento culminante del enredo, anuncia ya la calidez y hace esperar todo lo que después se brinda: canciones como “A Shady Dame From Seville”, o, sobre todo, “Le Jazz Hot”, quedan grabadas en la historia por su fascinación y su potencia.

Vista hoy, Víctor o Victoria es una imperecedera obra maestra del cine musical que merece la pena repasar cada cierto tiempo. Fue probablemente la última gran película de Blake Edwards, que aunque hizo películas de mérito después (Cita a ciegas, Blind Date, 1987), ninguna llegó a este nivel de perfección, de relación en equilibrio entre ternura, encanto, humor, elegancia y espectáculo. Supuso también uno de los últimos grandes trabajos musicales de Mancini, auque aún escribiría joyas escondidas en la banda sonora de El zoo de cristal (The Glass Menagerie, Paul Newman, 1987), Basil, el ratón superdetective (The Great Mouse Detective, Ron Clements, 1986), o Tom y Jerry (Tom and Jerry: The Movie, Phil Roman, 1992); o enterradas en alguna serie de televisión (Remington Steele, 1982)
De hecho, después de veinte años y varias nominaciones, Mancini (junto con Bricusse) volvía a ganar un Oscar por esta magnifica banda sonora. La película perdió injustamente en varias nominaciones a estos premios, en favor de producciones que hoy día no revisten tanto interés: la dirección artística la ganó Gandhi (Richard Attenborough); en la interpretación femenina, Julie Andrews en una premiadísima (Globo de Oro) y completísima interpretación, no consiguió el Oscar. Lo logró la otra favorita de la noche, Meryl Streep por La decisión de Sophie (Sophie’s Choice, Alan J. Pakula) Pero lo más injusto fue que la sutil, arriesgada y completa interpretación de Robert Preston se quedara sin premio de la academia porque lo lograra la interpretación trillada y típica de Louis Gosset Jr. en Oficial y caballero (An Officer and a Gentleman, Taylor Hackford).

El musical: Victor Victoria
Diez años después, con la carrera cinematográfica un tanto en declive, Edwards comenzó a barajar la posibilidad de llevar al teatro su exitosa película, afirmando su cualidad musical, y volviendo a contar con Julie Andrews para el personaje, a pesar de contar ya con 60 años. El director supuso que para el público potencial, Víctor/Victoria siempre sería Julie Andrews. Recurrió nuevamente a Mancini y Bricusse para añadir algunas canciones a otros personajes. Compusieron un puñado de nuevas canciones (algunas francamente interesantes, como el “Paris Make Me Horny”), y eliminaron otras de la película. Mancini falleció un año antes del estreno y Bricusse sugirió el nombre de Frank Wildhorn (compositor de Jekyll & Hyde) para completar la partitura. Uno de los temas suyos “Living in the Shadows” está copiado directamente de tema de amor de El pájaro espino (The Thorn Birds, Lee Stanley, 1983) de Mancini, por lo que queda de lo más “manciniano”.
El fallecimiento de Mancini (a cuya memoria está dedicado el montaje) fue el primero y más serio de los contratiempos que aquejaron toda la trayectoria del musical. Para empezar hubo de estrenarse en provincias en junio de 1995 y para cuando llegó al Marquis en Broadway en Octubre había tenido que sufrir varios descartes, dejando fuera varios temas antiguos y nuevos. Aun así, aun habiéndose ido ajustando, y estando protagonizada por Julie Andrews y Tony Roberts, dirigida por Blake Edwards y coreografiada por Rob Marshall (futuro director de la oscarizada Chicago, y de Nine), la obra no terminó de cuajar. Y no es que fuera mala, pero… Edwards comprobó en primera persona que en el lenguaje cinematográfico y el teatral se manejan estrategias distintas, y hubo cosas que en el montaje no funcionaron. Con este bagaje, al hacerse públicas las candidaturas a los premios Tony, el musical solo recibió una nominación para Julie Andrews, que manifestó, tras meditarlo profundamente, que no era justo ser la única nominada del equipo. Consecuentemente con sus pensamientos, Andrews rechazó la nominación. Finalmente no ganó el premio, pero la polémica levantada sirvió de publicidad a la obra, que tomo nuevo impulso.
El periodo vacacional de Julie Andrews fue cubierto por Liza Minnelli, que además consiguió meter una canción nueva en el musical, Who can I tell que compuso para ella Leslie Bricusse. De este modo, en la etapa Minnelli el musical tuvo acreditados tres compositores: Mancini, Wildhorn y Bricusse. La sustitución de Andrews por Minnelli, no jugó a favor del musical puesto que Liza tuvo problemas en su interpretación. Tony Roberts abrió una nueva polémica al manifestar su malestar por algunos momentos en que la actriz se quedaba en blanco o perdía la concentración en el desarrollo de la obra. Tras abandonar el montaje ingresó en un centro de rehabilitación, para tratar su adicción a las drogas y el alcohol.
La vuelta de Julie Andrews parecía que iba a ser la tabla de salvación, pero tampoco fue bien. Julie se resintió de problemas de garganta y se le detectaron unos nódulos benignos. Mientras se sometía a cirugía menor para extirpárselos, dejó la obra en la piel de Raquel Welch, que aportó contundencia y buen humor al personaje, en detrimento de la tesitura vocal, que hubo de adaptarse a la baja. La operación a la que fue sometida Julie Andrews, en principio rutinaria, se complicó más de lo esperado, y la actriz perdió la extensión vocal para cantar. Esto provocó una demanda de 20 millones de dólares contra el cirujano que la operó por haber arruinado su carrera.
Afortunadamente, antes de todo eso, a finales de 1995 se grabó una representación para la televisión japonesa, que es la que ahora se comercializa en DVD, y que es muy recomendable. Es la posibilidad de asistir al montaje tal y como se estrenó en Broadway.

Diez años después del cierre del musical en Broadway, se estrenó en República Dominicana en español, y en España, la productora Stage Enterteinment, dispuesta a llenar la Gran Vía madrileña con grandes musicales, apostó por Jaime Azpilicueta, pionero director de musicales como Jesucristo Superstar, Barnum o Yo quiero a mi mujer (I Love My Wife), para que repitiese con Paloma San Basilio (a la que ya había dirigió en My Fair Lady y Evita) en Victor/Victoria, acompañada de Paco Valladares en el papel de Toddy.
Se realizó un trabajo previo de dos años “para lograr la espectacularidad requerida por el montaje”, según rezaba el programa de lujo del montaje. Y lo cierto es que tenía una puesta en escena espectacular, con efectos sorprendentes y vistosos cambios de escenario, y un ajustado reparto que realizó bien su trabajo. Se vendió además que se recuperaba un tema descartado en Broadway (“Glamour”) y que Bricusse había estado en los ensayos. Pero el montaje no corrió mejor suerte que en Broadway. Las exigencias de la diva Paloma -apropiándose de canciones de otros personajes o utilizando un vestuario inapropiado para el papel que interpretaba- se repitieron, como ya ocurriese en el caso de El hombre de la Mancha donde Aldonza lucía blusas blancas inmaculadas con faldas de terciopelo rojo, para su personaje que anda entre fogones y da de comer a los cerdos.

Aunque puede que no toda lo culpa fuera de eso. Es probable que Paloma estuviera en plan diva y quisiera lucirse, (recuperando también “The Shady Dame From Seville”; o sacando, en la soledad de su habitación, un piano de cola del foso, para que un cañón la iluminase cantando “Vivo entre las sombras”, luciendo un escotadísimo vestido blanco), pero, además, el ritmo de los gags fue excesivamente tedioso por la relajación en las formas, se cargaron las tintas en chistes fáciles, de los que huyó Edwards, poniendo el acento en las gracietas en lugar de en temas más aprovechables, como por ejemplo la doble moral. Todo esto, que en cierto modo ya era predicable del musical de Broadway, se acentuó hasta el extremo en Madrid. Al final, el montaje resultaba premioso, con excesos Paloma San Basilio, con chistes demasiado fáciles y que desmerecían del esplendor de la puesta en escena.
Estrenada el 28 de Septiembre de 2005 tuvo que cerrar el 16 de Abril de 2006, lejos del plazo que esperaban ocupar la Gran Via. También se estrenó en otros países de habla hispana como en Buenos Aires con Victoria Lynch, o en Méjico con Daniela Romo y el español Lisardo Guarinós en el papel de King, que pueden presumir de haber grabado la única versión en español del musical. También se vió en Montevideo el año 2007 con Adriana Da Silva en el papel protagonista.



La edición en dvd de la película, aunque está bien de calidad de imagen y sonido, es poco cuidada en detalles: las canciones no están subtituladas en la versión en español, y los extras (comentarios de Blake Edwards y Julie Andrews) tampoco. La mencionada edición en DVD del musical lleva subtítulos en castellano. Ahora ha aparecido en blu-ray, aunque solo se comercializa fuera de España y no lleva ningún subtítulo. Estas son las portadas de ambas ediciones.



La banda sonora de la película, sin embargo, tiene dos ediciones muy completas, debidas al empeño de Mancini, que brindó en la segunda, además de las canciones, gran cantidad de material inédito de la música incidental que suena en la película. Su portada es la del centro. También está editada la banda sonora del musical, con las nuevas canciones de Mancini y Bricusse, y las de Wildhorn. Es la de la derecha.

Como curiosidad la portada del CD de Méjico con la única versión disponible en español de musical.









